Usul ud Din

1. EL SIGNIFICADO DE DIN

El objetivo principal es explicar la doctrina islámica, cuya denominación específica en las Ciencias Islámicas es el de “Fundamentos de la Religión” (Usul Ad Din), por eso es necesario, antes que nada, dar una breve explicación sobre la palabra Din o religión, y otros términos relacionados.

La palabra Din, es una palabra árabe que significa obedecer y retribuir, y en un uso técnico se emplea para designar la creencia en un Creador para el mundo y el hombre, así como las disposiciones prácticas correspondientes a esta creencia.

Es por esta razón que a las personas que no creen en un Creador y consideran la aparición de los fenómenos en el mundo como algo accidental o meramente efecto de los procesos y reacciones materiales y naturales, se les denomina “irreligiosas”. Pero a las personas que creen en un Creador del mundo, aunque sus doctrinas y ritos religiosos presenten desvíos y supersticiones, se les denomina “religiosas”.

Sobre esta base, las regiones existentes entre los hombres se dividen en verdaderas y falsas. La verdadera religión consiste en creencias correctas, conformes con la realidad, y en conductas recomendables que gocen de credibilidad y garantías suficientes.

FUNDAMENTOS Y DERIVADOS DE LA RELIGIÓN

Considerando lo que hemos explicado sobre la palabra Din, queda claro que cada religión se conforma de dos partes: una, la creencia o creencias que constituyen su fundamento o raíz; la otra, las disposiciones prácticas que se conforman a esas bases doctrinales y que se derivan de ellas.

Es completamente correcto, por lo tanto, que a la parte correspondiente a las creencias, en cada religión, la denominemos “Fundamentos” (Usul: Principios, bases, raíces), y a la parte que hace a los mandatos prácticos, se la llamemos “Ramas” (Furú: Derivaciones).

Los sabios musulmanes utilizaron estos dos términos para referirse a las Creencias (Aqaid) y a los mandatos o leyes prácticas del Islam (Ahkam).

LAS RELIGIONES CELESTIALES Y SUS PRINCIPIOS

Entre los sabios especializados en la historia de las religiones, los sociólogos y antropólogos, existe discrepancia en cuanto a la manera en que han surgido las diversas religiones divinas.

Sobre la base de las fuentes islámicas, debe decirse que la historia en la aparición de la religión comienza con la aparición del hombre. El primer hombre fue Adán (la paz sea con él), Profeta de Dios, proclamador del monoteísmo y de la adoración al Dios Único. Las religiones idólatras surgieron todas ellas por desvíos (de la verdadera religión), diferencias en los gustos y objetivos, y por ambiciones personales o de grupos.

Las religiones monoteístas, que son las de origen divino y verdaderas, tienen tres principios generales en común:

1. La creencia en un Dios Único,

2. La creencia en el envío de Profetas por parte de Dios Altísimo, para guiar a la humanidad hacia la perfección completa y la felicidad en ambos mundos,

3. La creencia en una existencia eterna para cada hombre en la otra vida, donde recibirá la recompensa o el castigo por las acciones que ha realizado en este mundo.

Estos tres principios son en realidad las respuestas a los interrogantes más fundamentales que surgen en la mente de todo hombre consciente: ¿Cuál es el objetivo de la existencia? ¿Cuál es el fin de la vida? ¿Cuál es el camino para poder conocer el mejor programa de vida?

El programa conocido a través del camino garantizado por la revelación, es el de la ideología religiosa que se basa y deriva de la cosmovisión divina.

La creencia en estos principios básicos conlleva una serie de implicancias y consecuencias necesarias que, en forma global, conforman el sistema de la creencia religiosa.

Es en estas implicancias y consecuencias, que surgen discrepancias, motivando la aparición de diferentes religiones y sectas. Por ejemplo la discrepancia en la aceptación o rechazo de la función profética de algunos de los enviados divinos, y la aceptación o no, de la autenticidad de un libro revelado, es el factor principal de la disputa entre las religiones judía, cristiana e islámica.

Estas diferencias, a su vez, acarrearon otras discrepancias en las creencias y prácticas, algunas de las cuales están en disconformidad con las bases mismas de la creencia.

Podemos ver entre los cristianos la creencia en la trinidad, que contradice el monoteísmo, aunque sus teólogos intentan justificarla.

También la discrepancia en la forma de determinar la sucesión del Profeta es un factor principal de las diferencias entre shiítas y sunnitas en el Islam. Los primeros sostienen que la sucesión debe ser determinada por Dios y los segundos por parte de la gente.

En resumen, el Monoteísmo, la Profecía y la Resurrección, constituyen las bases principales de la creencia y doctrina en las todas las religiones celestiales.

Podemos considerar como parte de las creencias básica a aquellos otros principios que se desprenden del análisis de aquellas. Por ejemplo, la creencia básica en la profecía, común a todas las religiones reveladas. Es por ello que forma parte de las creencias básicas del Islam

Por este motivo, varios sabios de la Escuela Shiíta consideraron a la Justicia divina, que es una de las derivaciones  del Monoteísmo, como un principio independiente.

Asimismo, consideraron que el liderazgo religioso-político (Imamato), que es una de las derivaciones de la profecía, como otro principio aparte.

En realidad, emplear la denominación de fundamento o principio para estas otras creencias, no da lugar a ninguna disputa o discusión, puesto que son términos específicos acordados por los sabios.

Por lo tanto, puede emplearse la palabra fundamento (o principio) de la religión en dos sentidos: uno general y otro específico.

El sentido general se emplea en oposición a las derivaciones de la religión y a sus mandatos, y abarca todas las creencias reconocidas. El sentido específico, en cambio, se utiliza para significar los principios más fundamentales de una creencia particular.

Además, podemos denominar con esta designación específica a varias de las creencias comunes a todas las religiones reveladas. Por ejemplo, los tres fundamentos principales del Monoteísmo, Profecía y Resurrección. En caso de agregarse otras bases o principios, serán aquellos correspondientes a cada religión específica. Si continuamos agregando otras doctrinas o creencias específicas de las diferentes sectas, entonces las denominaremos principios o fundamentos de una escuela religiosa determinada.

2. LAS CREENCIAS DEL SHIÍSMO

A continuación explicaremos las creencias del shiísmo (sus fundamentos y derivaciones), anotando las cuestiones más importantes. Sólo mencionaremos aquellas cosas en las que todos concuerdan que son los principios de la Escuela Shiíta, dejando de lado las opiniones particulares y personales de los individuos.

Por consiguiente, decimos que la religión tiene exclusivamente cinco asuntos:

1. El Conocimiento del Creador (de Dios).

2. El Conocimiento del difusor (de los Profetas y sus sucesores -P-).

3. El Conocimiento de las cuestiones con las cuales se adora a Dios y la práctica de acuerdo con las mismas.

4. La realización de buenas acciones y la abstención de las malas obras.

5. La creencia en el “ma’adh” (el Día del Juicio), en el Castigo y en la Recompensa (es decir, en el Infierno y el Paraíso).

Entonces, la religión puede dividirse en dos partes: de teoría y de práctica. O más precisamente, de la creencia en Dios y en lo invisible, y de la acción basada en dicha creencia (la práctica concomitante).

“La religión ante Dios es el Islam”. (3:19)

Y el Islam y la fe son sinónimos. Es decir que ambos indican una única verdad y los dos se aplican en un sentido general, apoyándose en tres pilares:

1. Monoteísmo (“Tauhid”).

2. Profecía (“Nabuwat”).

3. Resurrección (“Ma’ad”).

Si alguien niega cualquiera de ellos, no es musulmán ni creyente (mu’min). Si alguien cree en ellos, es tomado como un musulmán verdadero, de acuerdo a Dios Todopoderoso -remitirse al texto coránico donde alude a aquellos que creen en Dios, en Su Profeta y en el Día del Juicio-. Tal persona, además poseerá todos los derechos de los musulmanes y se lo deberá respetar como tal, tanto a su persona como a sus bienes materiales, su prestigio y su nombre. El deberá recibir el mismo trato que los demás musulmanes.

Por otra parte el Islam y la fe se aplican a un sentido más específico que además de apoyarse en los tres pilares antes mencionados, utiliza un cuarto pilar más que es practicar las ordenes y mandatos del Islam, sobre los cuales el mismo está establecido, que son cinco:

I]- La oración (Salát).

II]- El ayuno (Saum).

III]- La caridad obligatoria o azaque (Zakát)

IV]- La Peregrinación a la Meca (Hayy).

V]- El combate (la guerra santa: “Yihad”).

Por eso se dice que la fe es creer con el corazón, reconocer con la lengua y practicar con los miembros. Como dice el Corán: “Quien cree en Dios, en Su Mensajero y practica el bien”. En todos los casos en que el Corán menciona “creer en Dios, en Su Mensajero y en el Día del Juicio” alude al primer sentido de Islam y fe. Y cuando agrega “la obra buena y justa “, se refiere al segundo sentido. La raíz de tal división es la siguiente aleya:

“Dicen los beduinos: ¡Creemos! Diles (¡oh, Muhammad!): Vosotros no tenéis fe. Más bien decid: Nos hemos islamizado (aslamná: hemos aceptado el Islam o nos hemos sometido - a los mandatos de Dios) Pues la fe (imán) no ha ingresado aún a vuestros corazones” (49:14).

Y para una mayor aclaración, Él declara luego:

“Son creyentes (mu’minin) sólo aquellos que han aceptado la fe en Dios y en Su Profeta; después de esto nunca han entrado en ninguna duda y lucharon con sus riquezas y sus almas en el Camino de Dios. Esos son los veraces” (49:15).

Es decir que la fe es palabra, certeza y obra. Entonces, estos cuatro pilares son los fundamentos del Islam y la fe con un sentido especial ante los musulmanes en general.

Pero los shiítas tienen otro pilar fundamental con el que totalizan cinco Principios. Este quinto pilar es la creencia en el Imamato.

De acuerdo al punto de vista de los shiítas, el Imamato, como la Profecía, es un cargo Divino. Así como es Dios Todopoderoso Quien elige entre Sus siervos a uno para el rango de Profeta o Mensajero, confirmándolo y apoyándolo con los milagros, como dice Dios:

“Tu Señor crea y elige lo que quiere. El elegir no les incumbe” (28:68).

Del mismo modo, también es Dios Quien elige a los Imames. Dios Mismo, exaltado sea, ordenó a Su Profeta (BP) anunciar el Imamato (liderazgo) y establecer un Imam para la gente después de él, para que observe y cumpla las mismas tareas que el Profeta debe cumplir. Esto lo podemos observar cuando el Profeta (BP) en Gadir Jum, al finalizar la Peregrinación de la despedida (unos meses antes de morir), designó al Imam ‘Alí (P) como su sucesor, diciendo: "Aquel de quien yo sea su señor, ‘Alí es su señor", en un discurso ampliamente registrado, difundido y aceptado por sabios de todas las Escuelas islámicas, entonces Dios reveló las siguientes palabras del Corán:

"...Hoy os he perfeccionado vuestra religión, he completado Mi gracia en vosotros y me complace que tengáis el Islam por religión…" (5:3)

El Imam ‘Alí (P) solía decir: "¡Jamás será descuidada una sola ley religiosa estando yo presente!"

La única diferencia entre un Profeta y un Imam es que el primero recibe la Revelación (wahi) de parte de Dios, mientras que el segundo, a través de una bendición especial y una confirmación de parte de Dios, recibe las órdenes de parte del Profeta (al cual sucede). Por lo tanto, el Profeta es el difusor de Dios y el Imam es el difusor del Profeta.

El Imamato abarca doce personalidades perfectas (sucedidas una detrás de la otra). Cada Imam señala a su sucesor a través de una designación específica y manifiesta.

Antes de continuar consideramos necesario explicar que la impecabilidad de los Profetas e Imames (P) es una creencia particular de la Escuela Shiíta. Según los principios de esta doctrina, los Profetas están totalmente exentos de cometer faltas y pecados antes y después de su Misión Profética. Los Imames, como vice-regente de los Profetas, también deben ser infalibles. Los shiítas rechazan terminantemente todas las versiones e ideas que mencionan que los Profetas hayan cometido pecados tales como el asesinato, el incesto, la borrachera, la idolatría, la mentira, etc. Ellos fueron los grandes maestros de la humanidad, los ejemplos de una conducta noble y excelente, los hombres perfectos. Si un hombre común con una conducta moderadamente buena no comete tales faltas, ¿Cómo iban a cometerlas ellos, cuyo grado de conciencia y certeza era el más elevado? Si ellos que recibieron el mensaje de Dios hubiesen cometido pecados, ¿qué se esperaría de aquellos hombres comunes que no tuvieron tal contacto directo con Dios y que, por ende, su grado de certidumbre es menor? Este principio que presenta la Escuela Shiíta es importantísimo, pues su ausencia es la base del error y desvío de muchas otras doctrinas religiosas y filosóficas, por lo que recomendamos que se le preste suma aten suma atención a este tema y se lo medite en profundidad.

Entonces los Imames son Infalibles al igual que los Profetas. No existe la menor posibilidad de que cometan algún pecado. De lo contrario, no se podría confiar en ellos. La infalibilidad de un Imam está claramente probada por el dicho de Dios, exaltado sea, en el Sagrado Corán:

“Por cierto que haré de ti un Imam para toda la humanidad”. (Abraham) Inquirió: “¿Y de mi descendencia”? (Dios le respondió): “Mi pacto no incluye a los injustos” (2:124).

Otra condición inherente al Imam es que debe ser superior a todos los demás hombres en cualquier asunto de conocimiento y de carácter, siendo precisamente el objetivo del Imam que la humanidad sea elevada hasta el grado más alto (de conocimiento y fe) y sea adornada con la ciencia y las buenas acciones a través de la imitación del Imam.

Lo que ha sido mencionado en el Sagrado Corán acerca de los Profetas, como se lee en la siguiente aleya: “Él es quien ha escogido de entre los iletrados un Apóstol de su estirpe a fin de mostrarles Sus signos (o recitarles sus aleyas), purificarles y enseñarles la Escritura y la Sabiduría...” (62:2), es también aplicable al Imam. Pues una persona imperfecta no puede hacer que otra alcance la perfección.

¿Cómo puede alguien otorgar a otro aquello que él mismo no posee?

De la misma manera, si bien un Imam está un poco por debajo de la categoría de un Profeta, se encuentra muy por encima de todo ser humano común (y de esa manera puede guiarlos).

Aquel que cree en el Imamato es llamado, de acuerdo a la terminología shiíta, “mu’min” (creyente) en un sentido especial. Aquéllos que sólo reconocen los otros cuatro fundamentos mencionados, los cuales son el eje de las creencias de todos los musulmanes, es llamado “muslim” (musulmán) y “mu’min” (creyente) en un sentido general. Todas las leyes islámicas se les aplican a estos últimos, tal como ya hemos dicho: la protección de su vida, su propiedad, el respeto y honor son obligatorios hacia ellos, al igual que está prohibido hablar mal de ellos y otras cuestiones. Pues sólo por negar el Principio del Imamato una persona no puede ser excluida de la comunidad islámica. Por supuesto que el Día del Juicio y en los niveles de proximidad a Dios y karama” (signos milagrosos), la creencia shiíta en el Imamato revelará su excelencia.

En este mundo, todos los musulmanes son iguales entre sí y todos ellos son hermanos. Pero en el otro mundo, ciertamente habrá una diferencia de rango. Allí toda la gente tendrá determinadas posiciones establecidas de acuerdo a su actuación y su intención en este mundo. La decisión final de estos asuntos y su conocimiento está en Manos de Dios, y por lo tanto es mejor para nosotros no involucrarnos dando una opinión definida sobre su rescate.

Una tradición del Imam As Sadiq (P) dice: "Nosotros (los Imames de la Gente de la Casa) somos aquellos cuya obediencia Dios ha convertido en una obligación. Nada es apropiado para la gente excepto conocernos, ni la gente será absuelta de ser ignorante respecto a nosotros. Aquel que nos conoce (y nos acepta y sigue) es creyente; aquel que nos niega es incrédulo. Aquel que ni nos conoce ni nos niega, está descarriado hasta que regrese al Camino de la Guía, el cual Dios ha convertido en una obligación para él, tanto como darnos la obediencia a nosotros. Si muera en su extravío, Dios hará con él lo que desee”.

Hemos explicado, entonces, que lo que distingue a los musulmanes shiítas de los sunnitas es su creencia en el Imamato de los doce Imames. Es por esta razón que la Escuela Shiíta es llamada “Imamita “. No obstante, debe notarse que no todos los shiítas son Imamitas, pues el término “Shi’ah” también es aplicado a los Zaiditas, Ismaelitas, Waqifitas y Fatimitas en general. Estas sectas son contadas como musulmanas. Existen otras Escuelas que también se las llaman “shi’as”, pero que un estudio más cuidadoso de las mismas mostrará que están apartadas del Islam, como los “Jattábiiah”y otras cien sectas o incluso más, las que en realidad no pueden ser vistas como musulmanas. Sin embargo, en la actualidad la palabra “shi’ah” se refiere a la Escuela Imamita duodecimana, que es el grupo más grande de musulmanes después de los sunnitas.

La creencia en los doce Imames no es nada nuevo dentro de las enseñanzas islámicas. Hay referencias a ella en todas las obras auténticas y confiables de autores musulmanes. El Imam Bujari (tradicionalista sunnita) y otros narran numerosos hadices concernientes a los doce Imames en sus tan conocidas obras Sahih en diferentes formas y con distintas cadenas de transmisión. Algunas de ellas expondremos a continuación:

A). El Santo Profeta (BP) dijo:

“El Universo no se extinguirá hasta que hayan aparecido doce califas”. El narrador dice: “Después de esto, el Profeta (BP) agregó algo en voz baja y no lo pudo escuchar. Le pregunté a mi padre qué había dicho el Profeta del Islam (BP) y me respondió: El Santo Profeta (BP) dijo: “Ellos serán de Quraish”.

B). Otra tradición dice:

“Los musulmanes continuarán existiendo de manera natural mientras haya doce autoridades”.

C). En otra narración figura:

“Mientras estén los doce califas, la grandeza y majestad del Islam subsistirá”.

Por ahora, nosotros no investigamos quiénes eran estos doce califas. (Sólo queremos exponer que este asunto no es algo nuevo ni extraño como para que se tome como centro de ataque en nuestra contra).

Claro que entre las narraciones de los sunnitas también hay una que expresa: “Después de mí (califato) los califatos serán (de) treinta (años). Luego el gobierno se convertirá en un reinado de soberanos malvados”.

Los 30 años mencionados en esta narración corresponden al período de los primeros cuatro califas (Abu Bakr, Ornar, Uzman y el Imam ‘Alí), quenes son llamados por los sunnitas "Los califas bien guiados " ("Julafa Ar-Rashidin") distinguiéndolos de los califas Omeyas que vinieron luego, cuya conducta era tirana y antirreligiosa.

No deseamos entrar en polémicas respecto de este tópico argumentando sobre los doce Imames (P). Si alguien desea una prueba completa de la existencia de ellos, puede consultar los miles de volúmenes dedicados a este tema. Nuestra intención únicamente es exponer los fundamentos de las creencias shiítas y sus principales mandatos, aquellos en los cuales todos están de acuerdo.

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LAS CREENCIAS FUNDAMENTALES

Como hemos indicado anteriormente, la religión está dividida en dos partes:

I. “Fundamentos” (Usul: Principios, bases, raíces)

II. Ramas” (Furú: Derivaciones)

Por consiguiente, nuestro debate se centra en dos partes. En cuanto a las tareas del intelecto, conciernen al conocimiento y la sabiduría. Se llaman “Fundamentos de la religión” (Usul ud Din) y son cinco:

I. Tauhid (Monoteísmo).

II. ‘Adl (Justicia Divina).

III. Nabawat (Profecía).

IV. Imamato (Liderazgo).

V. Ma’adh (Resurrección o Día délo Juicio Final).

A continuación explicaremos cada punto por separado:

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I. TAUHID (Monoteísmo)

De acuerdo con la creencia Imamita, cada persona juiciosa, según la orden de su intelecto, debe buscar y adquirir el conocimiento sobre su Creador, creer en Su unidad y divinidad, y no asociarle ningún compañero en Su señorío. También debe tener certeza de que la creación, el sustento, la vida y la muerte son gobernadas sólo por Él. Él es la causa última. Desde el punto de vista shiíta, nada ni nadie tiene influencia sobre la existencia sino Dios. Sólo Él maneja todas las cosas (y lo hace sin ningún tipo de ayuda).

Si alguien adscribe la creación, el sustento, la vida y la muerte a otro que no sea Dios, será considerado “incrédulo” (kafir) y “asociador” (mushrik), se encuentra fuera del Islam.

Tanto en la obediencia como en la adoración a Dios, la sinceridad es obligatoria. Si alguien adora a otro que no sea Dios Altísimo o adora a otro junto a Dios, o considera que la devoción hacia cualquier otro que no sea Él es un medio para acercarse a El, de acuerdo con la creencia imamita, es un incrédulo.

Adorar a cualquiera excepto a Dios, Único y sin asociado, no es lícito en absoluto. Del mismo modo, obedecer a cualquier otro que no sea Dios Todopoderoso es ilícito. La obediencia a los Profetas e Imames implica directamente la obediencia a Dios, ya que ellos son quienes proclaman la orden Divina. Entonces, obedecerlos es obedecer la orden de Dios.

Pero obedecerlos con la idea de que ello es la “adoración a Dios” es algo ilícito y es puramente una trampa satánica y un engaño del demonio.

En cuanto a “buscar las bendiciones” de estas reverenciadas personalidades y hacerlos un “recurso de intercesión” entre nosotros y Dios por sus noblezas y jerarquías ante Él, así como ofrecer ciertas plegarias en sus tumbas es lícito, y no implica acercarse a otros en vez de a Dios Altísimo en la devoción –como imaginan algunos que pretenden injuriar el método de los Imamitas (shiítas duodecimanos) desatendiendo a la realidad respecto al estado de estas cuestiones–, sino  por el contrario este es un tipo de acercamiento a Dios Altísimo a través de las obras justas, tal como la aproximación a Dios visitando a un enfermo, siguiendo al cortejo fúnebre, visitando a los hermanos de la religión y ayudando a los pobres. Porque visitar a un enfermo, por ejemplo, es una obra buena y justa por medio de la cual el siervo se acerca a Dios Altísimo, y esto no implica el acercamiento al enfermo de tal modo que conlleve la adoración de otro que Dios Altísimo o la asociación en Su devoción. Y así también pasa con otros ejemplos de estas obras buenas y justas, como visitar las tumbas, hacer reuniones para los muertos, acompañar al cadáver y visitar a los hermanos. Y existe una clara diferencia entre realizar una oración por ellos y realizarla ante sus tumbas.

Nosotros los shiítas sostenemos que Dios es Único, sin ningún semejante. Es un Ser sin principio ni fin: siempre era y será para siempre.

No puede calificarse (ni describirse) como se hace con las cosas creadas. Pues Él no tiene cuerpo ni posee forma; no es material ni es algo creado; no es pesado ni liviano; no tiene movimiento ni quietud; no tiene lugar ni tiempo; no se le puede señalar ni comparar; no tiene par, ni semejante, ni opuesto, ni compañero, ni hijo, ni socio, ni igual. Las miradas no pueden alcanzarlo (o captarlo), pero Él percibe todas las miradas.

Quien toma para Él un símil de Su creación o Le imagina una cara, una mano, un ojo, o que Él descienda hacia el cielo del mundo, o que se manifiesta para la gente del paraíso como una luna, o cosas semejantes, es como quien Lo niega (es un incrédulo) y es ignorante respecto a la realidad del Creador, Quien está alejado de todos los defectos. Por otro lado, todo aquello que podamos distinguir con nuestra imaginación o los sentidos, aunque sea algo muy sutil y exacto (algo que podamos considerar superior y perfecto), es una criatura creada como nosotros, y su ser es como el nuestro –tal como ha dicho el Imam Baqir (P) –, cuyas palabras son muy agudas, prudentes y de una gran sabiduría.

Del mismo modo se considera (dentro de la creencia Imamita) como incrédulo quien cree que Dios el día del Juicio Final se mostrará a Sí Mismo a Sus criaturas (como dicen los ash’aritas), aunque rechacen que Él tenga algo semejante de palabra. Ellos y sus semejantes se congelaron en la apariencia textual del generoso Corán y de las tradiciones (sunnat o hadiz), y arrojaron sus intelectos a sus espaldas. Por eso no ha tenido poder discrecional sobre interpretar las apariencias textuales, según lo que exige la opinión, los argumentos y los métodos de la metáfora y la alegoría.

Los shiítas opinan que es obligatorio considerar a Dios como Uno (y Único) en todos los aspectos. Ellos consideran necesaria Su Unidad en la Esencia, y así como creen que Él es uno en Su Esencia y en Su Ser necesario, también que Él es uno es Sus Atributos. Porque creen que Sus Atributos son lo mismo que Su Esencia –como pronto explicaremos–, entonces, creen que Él en Sus Atributos Esenciales es Único y sin nada semejante. En consecuencia, Él en la Ciencia y el Poder no tiene para, en crear la creación y en dar el sustento y gracia no tiene socio y en todas las perfecciones no tiene igual. De esta manera, es obligatorio considerarlo Único respecto a la devoción. Por lo tanto, no está permitido en absoluto adorar a otro en lugar Suyo ni considerar un asociado en ninguna de las formas de devoción, ya sea obligatoria o no, en la oración y en otras devociones.

Quien toma un socio para Él en la devoción, es un asociador, igual que quien hace ostentación en su devoción, buscando acercarse a otros en ves de Dios Altísimo (por ejemplo, rezando para ser visto por la gente y no para Dios). Esta persona es como quien adora a los ídolos, y no hay ninguna diferencia entre ambos.

En cuanto a visitar la tumba del Profeta (BP) y las de los Inmaculados Imames y hacer reuniones para los muertos, son de las obras justas y según la legislación islámica, ellas se fundamentan en la esencia del fiqh (jurisprudencia islámica).  Sobre este tema, podemos mencionar lo que figura en las tradiciones y en la conducta del Profeta (BP) respecto a la preferencia de estas buenas obras. Por ejemplo, Bujari –uno de los más famosas tradicionalistas sunnita– en su Sahih –colección de tradiciones–, en el capítulo dedicado a las virtudes de los compañeros del Profeta (BP)

Según las santas palabras de Dios: “En casas que Dios permitió que fuesen erigidas y que se mencione en ellas Su nombre” (24:36), es lícito ofrecer plegarias a Dios en estos lugares sagrados.

Nuestro objetivo aquí es remarcar que la observación de estas obras no implica ninguna especie de asociación en la devoción –como algunos imaginan–, porque la intención y el sentido de estas obras no es adorar a los Imames (P). El objetivo únicamente es vivificar sus asuntos, recordarlos continuamente y engrandecer las consignas de Dios. Como dice Dios Altísimo:

“…Y respetar las cosas sagradas de Dios es el resultado de la purificación de los corazones (y es un signo de la piedad de los corazones)” (22:32)

Por lo tanto, todas estas obras son buenas y la religión ha confirmado sus méritos. Entonces, cuando el hombre las realiza con la intención de acercarse a Dios buscando Su complacencia, es merecedor de la recompensa de parte Suya y alcanza su remuneración.

Los shiítas creen que algunos de Sus Atributos, –Exaltado sea– son firmes, reales y perfectos. Son los llamados “Atributos de perfección y belleza” como:

Todos ellos son lo mismo que Su Esencia. No son Atributos aparte de Su Ser. Y Su Ser no es sino el Ser de la Esencia. Entonces Su poder por lo que se refiere a Su Ser, es lo mismo que la Vida. Su Poder y Su Vida no implican sino que Él es Poderoso porque es Viviente, y es Viviente porque es Poderoso. No existe dualidad entre Sus Atributos y Su Ser. Esta misma situación se da con otros de Sus Atributos Perfecto.

En efecto, son diferentes en sus sentidos, no en sus realidades ni en sus seres. Porque si fuesen diferentes con el Ser en tanto que son tan antiguos y obligatorios como la Esencia, esto haría que el Ser obligatorio fuese múltiple y la real Unidad (Divina) no sea tal, lo cual se opone a la creencia del Monoteísmo.

En cuanto a los ATRIBUTOS firmes pero suplementarios, como el de ser Creador, Sustentador, el estar antes de todas las cosas, el ser Causa de todas las cosas, etc., en realidad ellos vuelve a un Atributo perfecto, que es “Al Qaiium” (el Subsistente, Aquél en quien todos los seres se apoyan y confían en todas las circunstancias) respecto a Su creación. Y éste es un único Atributo del cual se extraen otros Atributos según la variedad de los efectos, consideraciones y casos.

En cuanto a los Atributos negativos, se conocen como Atributos de “Yalal” (de Majestuosidad o Grandeza, que significa que Dios es más Grande de poseer tales características). Entonces, todos estos Atributos vuelven a un único estado negativo, que implica sacar de Él la posibilidad. Pues el sentido de sacara la posibilidad de Él es negarle cuerpo (o materia), forma, movimiento, quietud, pesadez, liviandad, etc., y no es otra cosa que negarle todos los defectos.

Luego, cuando decimos que Dios no es un ser posible, en realidad decimos que Él es un Ser obligatorio. Y Su Ser obligatorio involucra a los Atributos firmes o positivos perfectos. En consecuencia, los Atributos negativos finalmente vuelven hacia los Atributos positivos.

Entonces, Dios Altísimo es Único en todos los aspectos y en Su Esencia, sin ninguna multiplicidad ni combinación posible.

Es sumamente rara la palabra de quienes creen que los atributos positivos vuelven hacia los negativos. Ellos no han podido captar ni entender el hecho de que Sus Atributos son lo mismo que Su Ser (o Esencia). Entonces ellos conjeturaron que los Atributos positivos vuelven hacia los negativos (por ejemplo: el viviente significa no ser muerte; el sabio, no ser ignorante; el poderoso, no ser débil, etc.) para tener la tranquilidad de que Dios es Único en Su Esencia y no tiene multiplicidad, sosteniendo finalmente algo que ha resultado mucho peor (que lo que temían). Porque ellos han hecho a la Esencia que es el Ser mismo, separada y alejada de todos los defectos y posibilidades, (lo han establecido) un estado de “no ser” y meramente negativo. ¡Que Dios nos preserve de los tropiezos de la fantasía y de los deslices de las plumas!

También es sumamente extraña la palabra de quienes creen que Sus Atributos positivos están aparte de Su Esencia, pues ellos creen en la multiplicidad desde el origen y en la existencia de asociados para el Ser obligatorio o en Su combinación –¡Dios está por encima de todas estas cosas!–

Ha dicho el Imam ‘Alí (P), el maestro de los monoteístas (P):

“…La perfección de la sinceridad hacia Él consiste en rechazar (no atribuirle) todo signo común a cualquier criatura) ya que los signos (o atributos) demuestran establecerse fuera de los objetos (en los cuales recaen sus características, siendo distintos a sus atribuidos) y viceversa, por lo cual quien Le atribuye signos (a Dios) estaría considerando semejantes a Él (atribuyéndole socios), dividiéndolo en partes, y quien Lo divida en partes Lo ignora…”. (Nahyul Balagah, discurso 1).

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Esta es, en forma muy resumida, la creencia en el Tauhid (Monoteísta) de la escuela imamita en la cual todos están de acuerdo. No obstante, el asunto del Monoteísmo es más fuerte y severo ante la shi’ah de lo que hemos expuesto. (Ellos rechazan todo cuanto se oponga en lo más mínimo a la Unidad Divina).

-Tauhid Ad-Dat (Monoteísmo de la Esencia, que no tiene socio ni partes).

-Tauhid As-Sifat (Monoteísmo de los Atributos, que están unidos con Su Esencia).

-Tauhid Al Af al (Monoteísmo de las Acciones, las que están bajo Su orden).

Por razones de brevedad, no ahondaremos en estos tópicos para explicarlos en detalle.

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II. ‘ADL (Justicia Divina):

Los shiítas sostienen que uno de Sus Atributos positivos y perfectos, Exaltado sea, es que Él es Justo y no es injusto con nadie en absoluto, ni comete ninguna acción que el intelecto sano considere mala. Por lo tanto, nunca juzga ni determina algo con injusticia ni trata injustamente (perjudicando) con Su sentencia a nadie. Él recompensa a los obedientes y castiga a los desobedientes con justa razón. No impone sobre Sus siervos nada que esté por encima de sus capacidades ni los castiga más allá de lo que ellos se merecen.

“La Justicia” (‘Adl) en realidad no es un pilar independiente sino, como ya dijimos, es uno de los atributos de Dios Altísimo cuya existencia es necesaria. Pues Él posee todos los atributos bellos y perfectos. Se trata de un atributo esencial, tal como lo son todos los atributos de la esencia. Por lo tanto, habría que debatir este tema dentro de la Unidad Divina y Sus atributos. Pero los imamitas lo consideran como uno de los fundamentos de su doctrina, en oposición a los ash’aritas, quienes difieren de los Imamitas y los mu’tazilitas ampliamente en esto.

La razón de esto es que los ash’aritas rechazan a la “bondad” y la “maldad” como conceptos racionales, y afirman que “bondad” es aquello que la religión califica como “bueno”, mientras que “maldad” es lo que la religión llama “malo”; que si Dios pusiera al obediente en el infierno eternamente y al desobediente en el paraíso, no sería algo aborrecible, pues ‘El dispone en Su Reino, como dice el Corán:

“Él no debe responder a nadie por lo que hace, pero los demás sí son interrogados”. (21:23)

Ellos creen que nosotros no tenemos ninguna tarea con nuestro intelecto, que nada es obligatorio según la orden del intelecto, sino que la religión debe establecer las obligaciones y definir todas las tareas, inclusive la necesidad de conocer a Dios e investigar sobre quien pretenda ser Profeta y sobre sus milagros. Pero no se dan cuenta de que si queremos afirmar estas cosas a través de la religión, resulta una contradicción. Porque antes de conocer a Dios y al Profeta, debemos buscar e investigar. ¿Y por qué lo hacemos? Si esta obligación proviene de la religión, ¿cómo llegamos a ella, si antes de conocer a Dios no hay religión ni tenemos conocimiento de sus bases? Así, ellos entran en un círculo vicioso del cual no pueden salir.

Dice el Sagrado Corán:

"...Dios no es injusto en absoluto con Sus siervos" (3:182; 8:51; 22:10, y 41: 46)

Y también  dice:

"Dios no hará ni el peso de un átomo de injusticia a nadie...". (4: 40).

Los “‘adlitas” (los partidarios de la justicia) sostienen que el Islam está de acuerdo con la razón. La razón considera a algunas acciones como buenas y otras como malas, y éste es el motivo también de considerar un acto malo como imposible para Dios Altísimo: Él es Sapientísimo y una mala acción es contraria a los dictados de la sabiduría.

Castigar a una persona obediente es injusto, y la injusticia es una mala acción que no surge de El. La razón asegura que el Creador del universo no podría castigar injustamente a un obediente, porque eso sería una mala acción.

La escuela Imamita ha prestado una especial atención al tema de la Justicia y la ha afirmado para Dios, mencionándola aparte de los demás atributos, incluyéndola entre los fundamentos de la religión. Es de hacer notar que los ash’aritas no descartan la Justicia Divina. Su creencia es que la Justicia es aquello que Dios hace, y todo cuanto Él realiza es la Justicia. Ellos niegan lo que los mu’tazilitas y los Imamitas sostienen sobre que esto es del reino del intelecto. Ellos consideran que en este tema el intelecto es tan insignificante que no puede decidir si algo es apropiado para Dios o no. Los Imamitas claramente han demostrado que la mejor regla para probar la bondad y la maldades el intelecto. Es a través de este medio que otros asuntos más se han afirmado. La noción del lutf (la constante benevolencia y merced Divina); el deber de todos de agradecer a Quien otorga la merced (es decir, a Dios), Quien ha dado al hombre todo lo que tiene; el deber de investigar y meditar sobre las evidencias o milagros de una persona que pretende la profecía; la noción de “yabr” e “ijtiyar” (predestinación absoluta -o coerción del ser humano por parte de Dios -y libre albedrío- o la libertad del hombre para obrar según su deseo-), están íntimamente conectadas a las ideas de bondad y maldad, y a la noción de Justicia.

La predestinación absoluta y el libre albedrío siempre han sido un tema mayor de discrepancia entre los distintos asuntos. Los ash’aritas creen en el yabr (la predestinación absoluta), mientras que los mu’tazalitas sostienen el punto de vista de que todo ser humano es libre, que puede hacer voluntariamente las cosas y puede llevar a cabo sus acciones según su deseo. Así como la existencia del ser (o ego) es un regalo de Dios, la facultad de la voluntad también lo es. El Creador del universo creó a la gente y le dio libertad de acción. La Autoridad absoluta sólo pertenece a Dios, pero en su accionar diario, el ser humano es completamente independiente. Dios Todopoderoso no fuerza a nadie a actuar en nada, ni hace que se abstenga de nada. Los siervos hacen lo que se les place en forma independiente. Es por esta razón que el intelecto y los juiciosos sentencian que es correcto reprochar y castigar a un siervo por un delito, por una mala acción que cometa, mientras que una buena acción sea recompensada y alabada.

Cabe señalar que los mu’tazilitas fueron un grupo de pensamiento racionalista que en las prácticas seguían la Escuela de Abu Hanifah. Disentían con los Imamitas en la mayoría de los temas, pero coincidían en el asunto de la justicia y en otros temas importantes, como en tomar a los Imames (P) como fuente de conocimiento.

En cuanto a los ash’aritas, son los seguidores de Al Ash’ari, un sabio muy versado en dialéctica que había estado con los mu’tazilitas y luego se separó de ellos.

Si nosotros no seguimos esta regla básica, entonces el castigo y la recompensa, la existencia de los Profetas, la Revelación de los Libros (Sagrados: la Torá, los Salmos, el Evangelio y el Corán fundamentalmente), la promesa del infierno o el paraíso (como retribución de las acciones) en el más allá, todo se convierte en algo sin sentido.

En conclusión, sólo diremos que la creencia imamita considera que Dios es justo y que todo ser humano es independiente y libre para actuar.

* * *

IIII. NABUWAT (Profecía)

Los shiítas Imamitas creen que la Profecía es una función Divina y es una Mediación y Misión celestial que Dios ha confiado a aquél a quien ha elegido de entre Sus siervos justos y Sus amigos perfectos en la humanidad. Así los ha enviado hacia otras personas con el fin de encaminarlos hacia aquello que contiene sus beneficios e intereses en este mundo y en el otro, purificándolos de las malas morales y las costumbres corrompidas, enseñarles la sabiduría y la ciencia, y explicarles los caminos de la felicidad y el bien, para que la humanidad alcance su perfección admisible y se eleva a sus grados altos en las dos moradas: la de este mundo y la del otro.

Los shiítas sostienen que la regla del Favor –cuyo sentido y explicación en seguida veremos– hace que el Creador –que es amable para con Sus siervos– envíe a Su Mensajero para guiar al género humano, cumplir la Misión restauradora y ser embajadores de Dios y Sus representantes.

También creen que Él –Exaltado sea– no ha establecido en este asunto para la gente el derecho de seleccionar, definir o elegir. La gente no puede ni tiene derecho alguno para expresar ninguna opinión sobre este tema, sino que el asunto está completamente en Sus manos (bajo Su poder). Por Él: “Sabe perfectamente donde establece su Misión”. (6:124).

Ellos no pueden determinar ni decir algo sobre aquellos que les han sido mandados como guías, albriaciadores y amonestadores, ni tampoco sobre los mandatos, tradiciones, conductas y leyes que ellos les han traído.

Sobre este mismo tema veamos lo que dice el Imam ‘Ali (P) en el discurso no. 1 del Nahyul Balagah:

Acerca de la elección de los Profetas

Dios seleccionó a Sus Apóstoles de entre los descendientes de Adán e hizo un pacto con ellos para que actuaran fielmente de acuerdo a Sus Revelaciones, para que llevaran Su Mensaje con verdad y para que propagaran Su Misión. El sistema de designar Mensajeros y Profetas fue adoptado cuando muchas gentes rompieron las promesas hechas a Dios y se arrepintieron de su palabra, olvidaron sus deberes y derechos divinamente establecidos y comenzaron a aceptar a otros como sus dioses y a adorarlos porque Satanás los había hecho abandonar los caminos de Dios y a dejar de adorarle. Dios envió a Sus Apóstoles continuamente, uno tras otro, de modo que pudieran recordar a los seres humanos los deberes que la naturaleza había puesto sobre ellos como una parte del plan de su existencia y como la realización de las promesas hechas por sus almas en el mundo espiritual el día de la Creación. Estos Profetas habían de atraer la atención de la humanidad hacia las Bendiciones y generosidades otorgadas por Él, llevarles Sus Mensajes, enseñarles a usar inteligente y sabiamente los tesoros escondidos en sus mentes e intelectos, y también dirigirles a comprender las manifestaciones al igual que los secretos de la naturaleza tales como el alto tejado sobre sus cabezas (el cielo, que protege de los destructivos y devastadores efectos del espacio) la tierra bajo sus pies (con todos sus tesoros y riquezas), las formas y medios de su sustancia y civilización (tan abundante y profusamente proveídas), las enfermedades que los envejece y debilitan, los infortunios y calamidades que frecuentemente les hacen cara, y finalmente la muerte que pone fin a todo.

Dios no ha dejado nunca a ningún ser humano sin la Guía y educación de Sus Profetas, sin un Libro Sagrado, sin la prueba efectiva, cierta y concluyente de Su Divinidad y sin un camino claro y brillante hacia Su Reino. Sus Profetas fueron hombres de tal fortaleza de carácter y coraje que, aunque fueron una minoría y quienes se opusieron a ellos fueron siempre mayoría, estos Apóstoles nunca se sintieron nerviosos, contrariados o desorientados y nunca abandonaron su Misión. Ninguno de ellos dejó este mundo sin indicar y designar quien había de tomar su lugar tras su desaparición y continuar la Misión de Dios; por consiguiente cada uno de ellos fue anunciado por el Profeta que desapareció antes de él (por consiguiente no les fue difícil a los seres humanos reconocer a un verdadero Profeta y distinguirle de un impostor).

Acerca de la elección del Sello de la Profecía, Muhammad Ibn ‘Abdul.lah (BP)

Por consiguiente, las eras sucedieron a las eras, hasta que el Misericordioso Alimentador deseó llevar las enseñanzas de Su Religión hasta el final y más alto estadio. Y como había prometido en el comienzo, designó al Sagrado Profeta Muhammad (BP) Los signos e indicaciones que acompañaron su nacimiento y la delegación de Su Misión hacia él fueron muy claras y prominentes, y el lugar donde nació fue muy augusto y próspero. Cuando se le confió su Misión, los seres humanos estaban siguiendo diferentes credos, estaban divididos en numerosas sectas y tenían numerosas escuelas de pensamiento. Estos diferentes credos y religiones estaban en su mayoría divididos en tres clases principales. Algunos de ellos comparaban a Dios con Sus criaturas y por consiguiente intentaban personificarle; otros intentaban impartir Sus Atributos a otros y por consiguiente dieron lugar a la infidelidad; mientras que otros no tenían fe en Sus Atributos o Su Persona. A través de nuestro Sagrado Profeta, Dios hizo moderar a estas gentes sus formas de pensamiento y adoración y, por consiguiente, deseó sacarlos de su ignorancia.

Dios decidió llamar de nuevo a Muhammad (BP) a la sublime vecindad de Su Gloria y lo seleccionó para recibir Su más Alto Favor y Bendiciones. Concluyó que la vida en este mundo no era digna por más tiempo del Sagrado Profeta y apartó su rostro del tedioso y agitador ambiente y lo elevó con adecuado honor y merecido recibimiento a la trascendente eminencia de Su vecindad.

El Sagrado Profeta mientras partía de este mundo dejó entre vosotros las mismas cosas que fueron dejadas por otros Profetas a sus seguidores; porque ninguno de ellos dejó nunca este mundo sin dejar tras él un claro e inteligente conjunto de directrices y un prominente, fácilmente reconocible y duradero emblema. Del mismo modo, nuestro Sagrado Profeta dejó el Libro de Dios (El Corán) con vosotros. Solamente dejó este Libro, pero también había explicado completamente, durante su vida, todo lo que este Libro declaraba lícito y legítimo o ilícito y prohibido para vosotros; lo que era obligatorio y qué obra buena puede ser hecha en adición a ello; qué mandamientos o prohibiciones permanecían en vigor y cuáles fueron derogadas y anuladas; dónde no había de tolerarse exención y complacencia y dónde Dios Misericordioso ha permitido indulgencia y suavidad; los mandamientos que atañen a ocasiones y personas particulares y los que eran generales para todos los tiempos, lugares y personas; las advertencias dadas; los ejemplos citados; las máximas, los preceptos, los aforismos y los axiomas repetidos; las instrucciones que eran precisas y claras y las que eran complicadas y difíciles de entender. Todo esto os lo explicó, comentando, interpretando y explicando todo pasaje ambiguo y aclarando implícitas sutilezas y significados.

* * *

El ser humano es una criatura maravillosa. Posee estados muy raros. La constitución de su cuerpo, su alma y su pensamiento es muy compleja y retorcida, con numerosos misterios. Cada individuo dentro de la humanidad ha sido creado con una personalidad extraordinaria, reuniendo en él las tendencias hacia la corrupción por un lado y los impulsos del bien y la corrección por el otro.

Además ha sido creado sobre los sentimientos e instintos como el amor propio, la pasión, el egoísmo y la obediencia a los anhelos. También sobre el ansia de dominar, la búsqueda del poder y de mandar sobre otros, así como la agresión recíproca por la obtención del mundo, sus oropeles y sus partes. Como Él –Exaltado sea– dice: “En verdad el hombre está en la perdición”. (103:2)

Y dice: “¡Por cierto que el hombre se rebela porque se cree autosuficiente! (96:6 y 7)

Y también dice: “…Ciertamente, el alma ordena el mal…”. (12:53)

Y muchas aleyas más que expresan abiertamente o aluden a los sentimientos y deseos sobre los cuales ha sido creada el alma del ser humano.

Por otra parte, Dios Altísimo ha creado en él el intelecto como guía que lo encamina hacia la corrección y los lugares del bien, y la conciencia coercitiva que rechaza la maldad y la injusticia, y le advierte sobre la consecuencia de hacer aquello que es criticable reprobable.

Siempre ha existido en el alma humana la hostilidad externa, estando él establecido entre los sentimientos y deseos (por un lado) y el intelecto (por el otro). Luego, quien haga vencer su intelecto sobre sus sentimientos, obtendrá el grado elevado y estará entre aquéllos que están humanamente encaminados y son espiritualmente perfectos. En cambio, quien permita que sus sentimientos subyuguen a su intelecto, estará en la fila de los mayores perdedores, quienes se han apartado del estado de humanidad y han caído al grado de los animales.

En esta lucha interna del ser humano, los deseos y sus ejércitos son más fuertes y firmes que el intelecto. Por esa razón puede verse a la mayoría de la gente sumergida en el extravío y alejada de la Buena Dirección, obedeciendo a los deseos y respondiendo positivamente a la llamada de los sentimientos. Dios dice: “La mayoría de los hombres, a pesar de tu celo, no creen”.

Además, el ser humano por su negligencia y su ignorancia respecto a las realidades de los secretos de las cosas que lo rodean o que él mismo ha producido, no puede llegar a conocer lo que lo perjudica ni lo beneficia a sí mismo, ni puede distinguir aquello que lo hace feliz de lo que lo hace desdichado, así como tampoco reconocer los factores que le pertenecen exclusivamente a él mismo, los que son de la humanidad en su conjunto, los de su sociedad, y su ámbito. Siempre es ignorante de sus asuntos, y su ignorancia así como la percepción de la misma se incrementa cuanto más avanza su ciencia respecto a las cosas naturales y materiales (como vemos que ocurre en el mundo desarrollado actual). Por eso el hombre para poder obtener los grados de la felicidad necesita de gran manera a quienes le muestren el lúcido y claro camino de la Buena Dirección, para así, a través de esto, fortalecer a los soldados del intelecto y poder vencer a su enemigo terco y peligroso, haciendo que el hombre se prepare a sí mismo para entrar en el combate entre el intelecto y los deseos.

El momento en que el hombre más precisa de quienes lo tomen de la mano y lo lleven hacia el bien y la corrección es cuando los sentimientos lo engañan y embaucan. Y es muy frecuente que los sentimientos adornen y embellezcan las obras malas y los extravíos del alma, y en consecuencia el hombre vea como detestable lo que en realidad es repudiable. Así, el intelecto confunde su camino hacia la corrección, la felicidad y las mercedes, (especialmente) en el momento en que no tiene conocimiento como para distinguir lo bueno y beneficioso de todo lo que es feo y perjudicial. Y cada uno de nosotros resulta derribado automáticamente en esta batalla, excepto aquél a quien Dios preserva.

Por ese motivo, resulta sumamente difícil para el hombre civilizado y culto –y mucho más para un salvaje ignorante– llega por sus propios medios a todos los caminos del bien y la corrección, así como conocer todo lo que lo beneficia y todo lo que lo daña en este mundo y en el otro, tanto a nivel individual como a lo que pertenece a su sociedad y su ámbito, a pesar de que se ayuden mutuamente con otros de sus semejantes, investiguen en conjunto y realicen (para tal fin) conferencias, asambleas y congresos. Por eso, es necesario que Dios Altísimo haga surgir entre la gente una Misericordia y un Favor para ellos. Dice Dios en el Sagrado Corán: “…Un Mensajero salido de ellos mismos que les recita Sus aleyas, les purifiqua y les enseña el Libro de la Sabiduría”.  (62:2)

Además, que les advierta sobre aquello en lo que están sus corrupciones y les albricia respecto de aquello que contiene sus correcciones y felicidades.

La obligación del Favor de Dios para con Sus siervos se debe a que esto es para Su absoluta Perfección, y Él es Amable y Generosísimo para con Sus siervos. Entonces, cuando la oportunidad resulta conveniente y admisible como para que abunde la Generosidad y el Favor, Él, –Exaltado sea– debe hacer abundar Su Favor. Pues no existe codicia en el ámbito de Su Misericordia ni hay defecto alguno en Su Generosidad y Su Otorgamiento.

El sentido de la obligación acá (en el caso de Dios) no implica que uno le ordena esto y que Él deba obedecerlo –Él está por encima de esas cosas–, sino que es similar al sentido de la obligatoriedad en su propia existencia, o sea es imposible que la existencia se separe de Dios, al igual que es imposible separar a Dios Su Gracia y Favor.

* * *

Los shiítas Imamitas creen que cuando Él, Exaltado sea, establece a los Profetas como guías y Mensajeros, debe hacerlos reconocer y encaminar a la gente hacia ellos de manera contundente (para que la gente los identifique claramente por sus personalidades y sus particularidades). Esto exige que determine para Su Mensajero un argumento y una prueba (innegable).

De esta manera se completa Su Favor y se perfecciona Su Misericordia.

Este argumento debe ser de una categoría tal que nadie pueda presentarlo ni exponerlo excepto el Creador del Universo Administrador de los seres, es decir que esté por encima del poder humano. Así Él lo pone en vigor a través de los Profetas y Mensajeros Guiadores (P), para que este argumento sea algo que los identifique y señale (encaminando a la gente hacia ellos). Y esto se conoce como milagro, que el ser humano es incapaz de ejecutarlo y producirlo (por sí mismo).

Como el milagro debe ser para el Profeta algo que le permita prevalecer (y distinguirse) sobre la gente, es necesario que se manifieste entre la gente, de tal modo que los sabios y especialistas de su época no puedan igualarlo y mucho menos la gente común.

Además, este milagro debe acompañase con la pretensión de la Profecía para que sea un argumento respecto a esta pretensión. Así, cuando otros no puedan imitarlo, quede en claro que se trata de algo que está por encima de la capacidad del género humano y que es extraordinario, y también quede en claro que su portador está por encima del nivel humano y tiene un vínculo espiritual con el Administrador de los fenómenos y los seres.

Cuando una persona pueda traer un milagro sosteniendo que él es un Profeta y Mensajero (de parte de Dios), se coloca en una posición tal que la gente debe confirmar su pretensión y creer en su Misión, sosteniéndose ante sus palabras y expresiones (completándose así el argumento de parte de Dios). Luego, la gente es libre de creer en él o negarlo.

Vemos que el milagro de cada Profeta corresponde con lo que resulta conocido para la gente de su época en cuanto a la ciencia y las artes (a fin de que ellos puedan reconocer claramente su naturaleza sobrehumana y lo identifique como milagro).

Por eso, el milagro de Moisés (P) consistió en que su bastó se devoró los trucos y artimañas que habían realizado los magos, porque en su época la magia era el arte prevaleciente. Cuando el bastón invalidó lo que ellos habían hecho, entonces supieron que se trataba de algo por encima de su poder, que estaba más allá de su arte y que el ser humano era incapaz de realizar (por sí mismo). Así, ellos se humillaron ante este arte y esta ciencia.

Dice Dios, el Altísimo: “E inspiramos a Moisés: “¡Arroja tu bastón!” Y he aquí que éste engulló sus mentiras. Y se cumplió la Verdad y resultó inútil lo que había hecho. Fueron, así, vencidos y se retiraron humillados. Los magos cayeron prosternados (aceptando la convocatoria de Moisés)” (7:117 a 120)

Del mismo modo fue el milagro de Jesús (P) que consistió en la curación del ciego de nacimiento y del leproso, y en la resucitación de los muertos. Este milagro fue realizado en una época en la cual el arte de la medicina era el más prevaleciente entre la gente, y en esa época los sabios y los médicos ocupaban las más altas posiciones (ante la población). Y sus conocimientos resultaron inútiles respecto al milagro de Jesús (P).

Así también Dios, Exaltado sea, dice: “Y (enviamos a Jesús) como un Mensajero para los hijos de Israel diciéndoles: “Os he traído un signo que viene de vuestro Señor. Voy a crear para vosotros, de la arcilla, a modo de pájaros. Entonces, soplaré en ellos y, con permiso de Dios, se convertirán en pájaros. Con permiso de Dios, curaré al ciego de nacimiento y al leproso y resucitaré a los muertos. Os informaré de lo que coméis y de lo que almacenáis en vuestras casas. Ciertamente, tenéis en ello un signo, si es que sois creyentes”. (3:49).

Y en cuanto al milagro permanente de nuestro Profeta (BP), que es el Sagrado Corán, es un milagro por su elocuencia, en una época en la que el arte de la elocuencia era muy conocido y aquéllos que lo manejaban bien tenían ante la gente una buena reputación y mucho prestigio, por la belleza de sus palabras y la elevación de su elocuencia. Entonces, surgió el Corán como un rayo humillándolos y dejándolos estupefactos, demostrándoles que no podían enfrentarse con él (para imitarlo, superarlo o siquiera igualarlo). Entonces, cuando ellos vieron su debilidad para imitar al Corán, se sometieron con los cuellos extendidos ante él.

Dios, Todopoderoso y Majestuoso dice: “Di: “Si los hombres y los genios se unieran para producir un Corán como éste, no podrían conseguirlo, aunque se ayudaran mutuamente”. (17:88).

Lo que les mostró su debilidad fue que él (el Corán) los desafió a traer diez suras semejantes a las suyas, y ellos no pudieron hacerlo. Tal y como dice el Sagrado Corán: “O dicen: “Él lo ha inventado” Di: “Sí es verdad lo que decís, ¡traed diez suras como él, inventadas, y llamad a quien podáis, en lugar de llamar a Dios!

Luego los desafió a traer un sura como los de él, y ellos se apartaron. El Sagrado Corán dice: “Si tenéis duda de lo que hemos revelado a nuestro siervo (Muhammad), ¡traed (al menos) una sura semejante, y si es verdad lo que decís, llamad a vuestros testigos aparte de Dios (para que os ayuden)!” (2:23)

También dice: “O dicen: “Él lo ha inventado”. Di: “Si es verdad lo que decís, ¡traed un sura semejante y llamad  a quien podáis, en lugar de llamar a Dios!” (10:38)

Al conocer la debilidad de ellos para imitarlo –aunque ellos lo enfrentaron, pero en vez de usar la lengua y la palabra, emplearon la espada–, entendemos que el Corán es un milagro. Y Muhammad Ibn Abdul.lah lo trajo presentándolo junto con su pretensión de la Misión (Profética). Así sabemos que él es el Mensajero de Dios, y lo que ha traído es la verdad y está en conformidad con la realidad, la bendición de Dios sea con él y su familia.

* * *

Los shiítas Imamitas sostienen que todos los Profetas (P) son infalibles (o impecables), así como también lo son los Imames, con ellos sea la paz. Pero algunos de los musulmanes no creen esto. Ellos no consideran que los Profetas deban ser infalibles, y menos aún los Imames.

La infalibilidad (ismat) consiste en alejarse de los pecados y las desobediencias. Ya sean pequeñas o grandes. También implica al error y al olvido, aunque la sentencia del intelecto no considere imposible que ellos surjan (en los Profetas o Imames). Además, es obligatorio que ellos se aparten de todo lo opuesto a la honra y al prestigio, como el hacer cosas que la gente común no considera como buenas y las desprecia, tales como comer en la calle o reírse muy fuerte.

El argumento respecto a la infalibilidad de ellos es que si se permite que el Profeta desobedezca, cometa errores, se olvide o surjan de él estas cosas reprobables, entonces existen dos alternativas: o es obligatorio seguirlo (e imitarlo) en las obras que haya hecho como la desobediencia o el error, o no es necesario hacerlo. Si es obligatorio seguirlo, entonces admitimos que está permitido realizar desobediencia (y demás pecados) con la autorización misma de dios Altísimo y aún más: que esto es algo obligatorio, lo cual resulta algo inválido y carene de base, según la opinión del intelecto y la religión.

Es obvio que obedecer al Mensajero es obligatorio según la orden de Dios, el Altísimo, como se lee en Su Libro: “No hemos mandado a ningún Mensajero sino para, con permiso de Dios, ser obedecido…”  (4:64).

Si no es necesario seguirlo, en primer lugar, esto se opone a la Profecía, la cual debe presentarse junto con la obligación de obedecer en todo momento; por otro lado; por otro lado, si es posible que hayan desobediencias y errores en lo que él hace o dice, y no es obligatorio seguirlo en nada, entonces desaparece el objetivo y el beneficio de la Misión Profética. Más aún: el Profeta sería como cualquier persona, y en consecuencia no habría ningún valor elevado en sus palabras y sus obras como para que la gente lo apoye y confíe siempre en él. Así tampoco sería necesaria la obediencia de sus órdenes ni habría una confianza plena y absoluta en sus dichos y sus acciones. Todo esto se opone con lo que reza en alcorán donde incita a obedecer al Mensajero diciendo:

“A quien obedezca a Dios y a Su Mensajero, Él le introducirá en jardines por cuyos bajos fluyen arroyos…”. (4:13)

“Quienes obedecen a Dios y al Mensajero, están con los que Dios ha agradecido…”. (4:69)

“Quien obedece al Mensajero, obedece a Dios…”. (4:80)

“Ciertamente, en el Mensajero de Dios tenéis, un bello modelo para quien espera a Dios y el Día del Juicio Final y menciona mucho a Dios”. (33:21)

“…Quien obedezca a Dios y a Su Mensajero tendrá un triunfo eminente”. (33:71)

Este argumento sobre la infalibilidad se aplica también al Imam, porque él también es designado por Dios Altísimo para encaminar al ser humano, como sucesor del Profeta.

* * *

Los shiítas Imamitas juzgan que el Profeta, además de ser obligatoriamente infalible, necesariamente debe poseer otras perfecciones, así como las más completas y mejores características morales e intelectuales. Por ejemplo, la valentía, el conocimiento de la política, la correcta administración, la paciencia, la perspicacia, la inteligencia, etc., de tal modo que nadie puede llegar a su grado y jerarquía en estos atributos. De lo contrario, no es correcta para él la jefatura general sobre toda la gente ni la capacidad para administrar el mundo eterno.

Además, debe ser puro de nacimiento (no ser hijo de fornicación), fiel veraz y apartado de todo lo feo e inmoral desde antes de su Misión Profética, para que los corazones estén seguros de él (y tranquilos con él) y lo apoyen. Además, esto es necesario para que él sea merecedor de esta gran jerarquía Divina.

* * *

Los shiítas Imamitas creen que básicamente todos los Profetas y Mensajeros están con la verdad, así como creen que son infalibles y purificados. En consecuencia, negar sus profecías, insultaros o burlarse de ellos es incredulidad y herejía, pues esto implicaría la negación de nuestro propio Profeta (BP). Dice Dios, el Altísimo: “Decid: “Creemos en Dios y en lo que ha sido hecho descender sobre nosotros, en lo que le fue revelado a Abraham, Ismael, Isaac, Jacob y los Profetas de las tribus de los hijos de Israel; en lo que le ha sido dado a Moisés, a Jesús y a otros Profetas de parte de su Señor. No consideramos ninguna separación entre ellos y nos sometemos a la orden de Dios. (2:136)

Y también dice: “Pero a los que profundizan en el saber, de ellos, a los creyentes, que creen en lo que se te ha revelado a ti y a otros antes de ti, que son observantes de la oración, pagadores del azaque, creyentes en Dios y en el último Día, a ésos les daremos una magnífica recompensa” (4:162).

En cuanto a aquellos Profetas cuyos nombres y religiones son conocidos, tenemos a Adán, Noé, Abraham, David, Salmón, Moisés, Jesús y otros cuyos nombres figuran en el Sagrado Corán, es necesario creer en ellos, uno por uno. Pues negar a uno de ellos es como negarlos a todos, incluso a nuestro Profeta (BP).

Igualmente es obligatorio creen en sus Libros y en aquello que fue revelado para ellos. No obstante, la Torá y el Evangelio existentes ahora entre las gentes (la Biblia) no son los originales, y está confirmado que ambos han sido alterados, han sufrido modificaciones, cambios y agregados luego de las épocas del Profeta Moisés y el Profeta Jesús (P) por parte de quienes poseían deseos y anhelos (mundanales), y la mayor parte o todo lo que figura en ellos ha sido alterado por sus seguidores y no son lo mismo que Dios ha revelado (en su momento).

En las narraciones y en los dichos islámicos se lee que los Profetas que vinieron de parte de Dios para encaminar a la gente fueron en total 124.000; de ellos, 313 fueron también Mensajeros, y de ellos 5 fueron “portadores de resolución” (ulul ‘azm), es decir que trajeron una ley religiosa completa. Ellos fueron: Noé, Abraham, Moisés, Jesús y Muhammad.

En cuanto en el Sagrado Corán figura el nombre de algunos Profetas y Mensajeros, tal y como podemos observarlo en las siguientes aleyas:

“Antes que a ti habíamos enviado Mensajeros. De algunos de ellos ya te hemos relatado, de otros no…” (40:78)

En cuanto a aquéllos nombres que figuran en el Sagrado Corán son veintiséis:

  1. Dice Dios, el Altísimo, respecto al Profeta Adán (P) “Dios ha escogido a Adán, a Noé, a la familia de Abraham y a la de Imran sobre los mundos” (3:33). El nombre del Profeta Adán (P) fue mencionado 18 veces en el Sagrado Corán.
  2. El nombre del Profeta Noé podemos encontrarlo 43 veces en el Sagrado Corán. Dice Dios, el Altísimo: “Enviamos a Noé a su pueblo y permaneció entre ellos mil años menos cincuenta….” (29:14)
  3. El nombre del Profeta Idrís (P) figura 2 veces. Dice Dios, el Altísimo: “Y recuerda en el Libro a Idrís (Enoch). En verdad fue un veraz, Profeta”. (19:56)
  4. El nombre del Profeta Hud (P) figura 10 veces en el Sagrado Corán. Dice Dios el Altísimo: “Y (enviamos) a los aditas su hermano Hud. Dijo: “¡Pueblo! ¡Servís a Dios! No tenéis a ningún otro dios que a Él. No hacéis más que inventar”. (11:50).
  5. El nombre del Profeta Salih (P) figura 9 veces: “Ya hemos enviado a los tamudeos su hermano Salih: “¡Servid a Dios!” Y he aquí que se escindieron en dos grupos, que se querellaron”. (27:45)
  6. El nombre del Profeta Abraham (P) figura 69 veces. Dice Dios el Altísimo: “Ya hemos mandado a Noé y a Abraham y hemos confiado a su descendencia la profecía y el Libro…”. (57:26)
  7. El nombre del Profeta Lot (P) figura 27 veces. Dice Dios el Altísimo: “Y, ciertamente, Lot fue, uno de los Mensajeros”.  (37:113)
  8. El nombre del Profeta Ismael (P) hijo del Profeta Abraham (P) figura 11 veces. Dice Dios el Altísimo: “Hemos revelado a Abraham, Ismael, Isaac, Jacob…”. (4:163)
  9. El nombre del Profeta Eliseo (P) figura 2 veces. Dice Dios el Altísimo: “Y a Ismael, a Eliseo, a Jonás y a Lot. A cada uno de los cuales preferimos sobre todos los mundos”. (6:86)
  10.  El nombre del Profeta Dul Kifl (P) figura 2 veces. Dice Dios el Altísimo: “Y recuerda a Ismael, Eliseo y Dul Kifl (Ezequiel) todos ellos eran de los mejores”. (38:48)
  11.  El nombre del Profeta Elías (P) figura 2 veces. Dice Dios el Altísimo: “Y ciertamente, Elías fue uno de los Mensajeros”. (37:123)
  12.  El nombre del Profeta Jonás (P) figura 4 veces. Dice Dios el Altísimo: “Y también Jonás fue, uno de los Mensajeros”. (37:139)
  13.  El nombre del Profeta Isaac (P) figura 17 veces. Dice Dios el Altísimo: “Y le albriciamos con Isaac, que sería un Profeta entre los justos”. (37:112)
  14.  El nombre del Profeta Jacob (P) figura 16 veces. Dice Dios el Altísimo: “…Hemos revelado a Abraham, Ismael, Isaac, Jacob, las tribus (de los hijos de Israel), Jesús…”. (4:163)
  15.  El nombre del Profeta José (P) figura 27 veces. Dice Dios el Altísimo: “…Y, de su descendencia, a David y Salomón; a Job y José; a Moisés y Aarón. Así recompensamos a quienes hacen el bien”. (6:84)
  16.  El nombre del Profeta Suayb (P) figura 11 veces. Dice Dios el Altísimo: “Y a los madianitas su hermano Suayb…”. (11:84)
  17.  El nombre del Profeta Moisés (P) figura 136 veces. Dice Dios el Altísimo: “Ya hemos enviado a Moisés con Nuestros signos, (diciéndole): “¡Saca a tu pueblo de las tinieblas a la luz, y recuérdales los días de Dios!” (14:5)
  18.  El nombre del Profeta Aarón (P) figura 20 veces. Dice Dios el Altísimo: “Y le agraciamos de nuestra misericordia como Profeta a su hermano Aarón”. (19:53)
  19.  El nombre del Profeta David (P) figura 16 veces. Dice Dios el Altísimo: “…A Job, Jonás, Aarón, Salomón. Y hemos dado a David Salmos”. (4:163)
  20.  El nombre del Profeta Salmón (P) figura 17 veces. Dice Dios el Altísimo: “Ya hemos concedido la ciencia a David y a Salmón…”. (27:15)
  21.  El nombre del Profeta Job (P) figura 4 veces. Dice Dios el Altísimo: “Hemos revelado a Abraham; Ismael; Isaac; Jacob; las tribus (de los hijos de Israel); Jesús; Job…”. (4:163)
  22.  El nombre del Profeta Zacarías (P) figura 7 veces. Dice Dios el Altísimo: “Y a Zacarías, a Juan, a Jesús y a Elías, que todos ellos se contaban entre los justos”. (6:85)
  23.  El nombre del Profeta Juan (P) figura 5 veces. Dice Dios el Altísimo: “¡Oh, Juan! ¡Toma y observa el Libro (la Torá) con la fuerza! Y le hemos concedido la Profecía (y bastante inteligencia) cuando aún era niño”. (19:12)
  24.  El nombre del Profeta Ismael Sádiqul Ua’d (P) –el cumplidor de su promesa. Dice Dios el Altísimo: “Y recuerda en el Libro de Ismael. Fue el cumplidor de su promesa y fue un Mensajero y un Profeta”. (19:54)
  25.  El nombre del Profeta Jesús (P) figura 26 veces. Dice Dios el Altísimo: “Ciertamente el Mesías, Jesús, hijo de María, sólo es el Mensajero de Dios y Su Palabra (Su criatura), con que ha agraciado a María”. (4:171)
  26.  El nombre de Muhammad (BP) figura cuatro veces, y una vez el nombre de Ahmad. Dice Dios el Altísimo: “Muhammad no es sino un Mensajero, a quien precedieron otros Mensajeros…” (3:144).

Existen Profetas cuyos nombres no se mencionaron, sino que sus señas, como dice Dios, Exaltado sea, en Su Libro Sagrado: “¿No has reparado (¡oh, Muhammad!) en el grupo de dignatarios de entre los hijos de Israel posteriores a Moisés que le dijeron a su Profeta (Samuel o Ishumil): “¡Designamos un gobernante (o comandante) para que, (bajo su orden y dirección), combatamos en el camino de Dios!?” (2:246)

Dios ha enviado a estos Mensajeros a cada comunidad a lo largo del tiempo, como se lee en el Sagrado Corán cuando dice: “Hemos mandado a cada comunidad un Mensajero…”. (16:36).

Dios ha preferido a algunos de los Mensajeros y Profetas sobre otros, como leemos en Su Sagrado Libro: “Hemos preferido a algunos de los Mensajeros sobre otros. Entre ellos hay algunos a los cuales Dios les ha hablado directamente y a otros los ha elevado en categorías…”. (2:253)

Y también dice: “…Ya hemos preferido a algunos Profetas sobre otros. Y hemos dado a David Salmos”. (17:55)

Entre todos ellos, existen cinco Mensajeros resueltos, que poseen la jerarquía más alta y son preferidos más que otros, como nos indica el Sagrado Corán cuando dice: “Y acuérdate de cuando concertamos un pacto con los Profetas, contigo, con Noé, con Abraham, con Moisés y con Jesús hijo de María, que celebramos con ellos un pacto solemne”. (33.7)

Y también dice: “Ten pues, paciencia, como la tuvieron los Mensajeros Resueltos…”. (46:35)

Es obvio que la decisión de cada Profeta es diferente que otro, como dice Dios en Su Sagrado Libro: “Habíamos concertado antes un pacto con Adán (que no comiera del árbol), pero él olvidó y no hemos visto en él resolución”. (20:115)

Y el poseedor del grado más alto y superior entre todos los Profetas y Mensajeros inclusive entre los Mensajeros resueltos, es el sello y el último de ellos, el gran Profeta del Islam, Muhammad, el fiel que la bendición y la paz de Dios sea sobre él y su familia purificada.

* * *

Los shiítas Imamitas creen que todos los Profetas (P) mencionados en el Corán son Mensajeros de Dios y Sus nobles siervos. Ellos han sido enviados para invitar a la creación hacia la verdad. Y creen que Muhammad (BP) es tanto el “Sello de la Profecía” (el último de los enviados celestiales) como el jefe de todos los Profetas. Creen que él fue absolutamente infalible, libre de todo pecado y desvío, y que a lo largo de su vida no cometió ni siquiera una desobediencia, actuando siempre de acuerdo a la complacencia de Dios Todopoderoso (incluso desde antes de su designación para la misión profética) hasta que Dios lo tomó llevándolo hacia Sí Mismo (es decir, hasta su muerte). Dios le permitió viajar desde el Masyid Al Haram (La Meca) hasta el Masyid al Aqsá (Jerusalén) y desde allí él viajó físicamente, con su propio cuerpo, hacia lo que está por encima del Trono y el Escabel, incluso hasta por encima de los hiyab (velos) y el suradiq (el punto más elevado, más allá del cielo de los cielos). Finalmente, él llegó a la jerarquía próxima de su Señor, a dos medidas de arco o aún menos.

Y sostienen que el Libro que actualmente existe entre los musulmanes (el Corán) es el mismo texto que Dios reveló como milagro y desafío, para enseñar los mandatos y distinguir entre lo lícito y lo ilícito. No ha habido en él agregados ni substracciones (ni cambios de ningún tipo). Aquellos musulmanes que creen en el tahrif  (el cambio en el texto original), sean shiítas o no, están en el error, pues esto va en contra de la declaración coránica, siendo rechazado en forma contundente por el libro:

“En verdad Nosotros hemos revelado el Recuerdo (el Corán), y en verdad Nos somos de él guardianes” (15:9).

Las tradiciones transmitidas por nuestra parte y por otras escuelas sobre las alteraciones o defectos en el Corán son débiles y escasas, por lo que no pueden tomarse como válidas ni teórica ni prácticamente. Por consiguiente, estas narraciones deben ser interpretadas (para analizar a qué se refieren) o rechazadas directamente.

* * *

IV. IMAMATO (Liderazgo).

El asunto del Imamato es lo que particularmente distingue a la Escuela Shiíta de las demás escuelas. Es ésta la diferencia básica y fundamental que separa a esta escuela de las demás. Otras diferencias no son fundamentales, sino que son de Furu (del ámbito de las prácticas, no de las creencias) o Usul. Tales diferencias son de importancia secundaria y también se encuentran entre los Imames (líderes religiosos) de las escuelas de la comunidad mayoritaria de los musulmanes (es decir, de las escuelas sunnitas).

Las cuatro Escuelas sunnitas, Hanafita, Hanbalita, Shafiíta y Malikita (llamadas así por los nombres de sus fundadores), se diferencian entre sí por las prácticas (furu), y en este ámbito existen tantas diferencias entre las Escuelas Sunnitas entre sí como las hay entre ellas y la Escuela Shiíta.

Por ejemplo, un gran número de leyes de los hanafitas no corresponden con las de los shafi’itas.

De acuerdo a la escuela imamita, el Imamato es un cargo Divino, como la Profecía, que Dios otorga a quien Él quiere a través de Su Profeta, a quien le ordena que encamine a la gente hacia él (hacia el Imam) y que les encomiende que lo sigan.

Los shi’ítas creen que Dios Todopoderoso ordenó a Su Profeta (BP) que señale a ‘Alí Ibn Abi Talib (P) como su sucesor, como una bandera para la gente, para que después de culminada la Profecía, la Misión de difundir el Islam pudiera ser continuada (lo cual era una necesidad, dado que no habría más Profetas después de Muhammad -BP-). El santo Profeta (BP) sabía que esta designación sería mirada con molestia por algunos sectores. Muchos considerarían que la misma se debía a su amor por su primo paterno o al hecho de que era su yerno.

Es bastante obvio que desde el inicio de la era islámica hasta el presente, la gente no tenía el mismo nivel de fe y certeza respecto de la santidad del Profeta (BP) y su infalibilidad en cuanto a sus deseos y objetivos. Con todo, Dios, glorificado sea, no consideró este asunto como un obstáculo. Entonces le reveló:

“¡Oh, Profeta! ¡Proclama lo que se te ha revelado departe de tu Señor! Si así no lo hicieres, no habrías cumplido Su mensaje...” (5:67).

Con esta advertencia tan fuerte, era inevitable para él acatar Su orden. En consecuencia, después de la última peregrinación, el santo Profeta (BP) reunió a la gente en Gadir Jum (antes de que los peregrinos se dispersasen) y se dirigió a ellos en los siguientes términos que todos pudieron escuchar:

“¿Acaso yo no soy más digno respecto a los creyentes que ellos mismos?

Entonces todos los presentes exclamaron al unísono: “¡Sí! (¡Por supuesto, oh, Profeta de Dios!). Después de esto (del reconocimiento de la autoridad del Mensajero de Dios y de su superioridad), el santo Profeta (BP) declaró (mientras alzaba el brazo de ‘Alí -P- para que todos lo viesen):

“Aquel de quien yo soy su ‘maula’ (señor, protector, autoridad), ‘Alí es su ‘maula’“.

Además, el santo Profeta (BP) confirmó esto en muchas otras oportunidades en forma explícita o alusiva, a veces de manera implícita y otras veces de forma bastante abierta. De esta manera, el Profeta (BP) concretó su deber y la orden de Dios al respecto, llevando a cabo su tarea ante Dios.

Sin embargo, luego de él (BP) algunos eminentes musulmanes interpretaron estas claras órdenes según sus gustos, con el argumento de considerar los intereses del Islam. Entonces, ellos adelantaron algunas cuestiones y atrasaron otras (modificando las cosas) con la excusa de que cada situación y acontecimiento conllevaba tal exigencia.

No obstante, Alí (P) y algunos compañeros de rango más elevado, se mantuvieron alejados o se abstuvieron de dar el juramento de fidelidad (a un califa que no fuera ‘Alí). Pero él vio que su abstención de concordar con ellos y de vivir en paz con ellos resultaba en un gran perjuicio para el Islam, quizás llevando incluso al corte y destrucción de su raíz recién originada y todavía muy joven. Por eso él aceptó esto. Por otro lado, todos conocen la grandeza y nobleza que el Islam tenía ante sus ojos y su celo y afán por esta religión. Por eso, él se abnegó y se sacrificó a sí mismo y a todo lo que tenía en este camino. La historia del Islam jamás olvida todo su esfuerzo y dedicación al respecto. Además él vio que quienes manejaban los asuntos de los musulmanes se esforzaban por el fortalecimiento del Islam y su extensión, lo cual era su deseo y el objetivo de su imamato. Por todas estas cuestiones, él brindó el juramento de fidelidad. Pero cuando Mu’awiyah comenzó a ostentar el gobierno islámico y la autoridad bajo la subyugación, iniciando su actividad destructiva, Amir Al Mu’minin (P) personalmente se alzó en su contra. Apoyar a un hombre como Mu’awiyah y tolerar su política desviada, habría sido como un veneno mortal para el Islam. Y el deber más elevado de Alí (P) era proteger a la religión Divina. El sabía que estar de acuerdo con Mu’awiyah, vivir en paz con él y dejarlo como gobernante (no como líder) era un gran daño y un inconveniente imposible de pasar por alto. Entonces inevitablemente se vio forzado a combatirlo y oponérsele.

En resumen, los Imamitas dicen: Nosotros somos seguidores de Alí (P), somos amigos de cualquiera que tome a Alí (P) como amigo y somos enemigos de cualquiera que lo tome como enemigo. Esto se basa en las palabras del santo Profeta (BP):

“¡Oh, Dios! ¡Sé Amigo de aquél que ame a Alí (o sea amigo de ‘Alí) y sé enemigo de todo aquel que lo odie (o que haga enemistad con él)!” 5:67

El Imam ‘Alí (P) había sido criado por el Profeta Muhammad (BP). Vivía con él en casa de Jadiya lo acompañaba a todos lados. Era hijo de Abi Talib, el tío del Profeta que había sido su tutor. Cuando luego de la emigración a Medina el Profeta realizó la hermandad entre los musulmanes, realizando a ‘Alí como su hermano. Poco tiempo después se casó con Fátima (P), la hija menor del Profeta, pasando a ser su yerno. Debido a la amplia cercanía que había entre ambos y a la preferencia que el Profeta siempre mostraba respecto a ‘Alí, cuando el Ángel Gabriel descendió para decirle al Profeta que hiciera pública la designación de ‘Alí como su sucesor, en la peregrinación de la despedida, el Profeta (BP) alegó que sus compañeros dirían que él hacía esto por el parentesco que los unía. Entonces Dios le reveló la aleya arriba menciona, ordenándole la designación, y ocurrió el famoso evento de Gadir Jum.

Esta tradición de Gadir Jum se encuentra mencionada en numerosos tratados tanto sunnitas como shiítas. Se menciona que luego el Profeta (BP) expresó: “Dios es más grande, puesto que la religión se ha perfeccionado, la merced de Dios se ha completado, Su complacencia se ha alcanzado y la supremacía de ‘Alí se ha establecido. “ Y luego suplicó: “¡Oh, Dios! ¡Sé amigo de los amigos de ‘Alí, y enemigo de sus enemigos! ¡Ayuda a quien lo ayude y humilla a quien le de la espalda! ¡Hazlo el eje de la verdad!” También se menciona que luego de la designación se montó una carpa y todos los presentes pasaron a saludar al Imam ‘Alí y jurarle obediencia. Uno de los primeros en saludarlo fue ‘Umar Ibn Al Jattab, quien luego sería el segundo califa, diciéndole: “Ojala que esta función te sea agradable, pues tú eres ahora mi jefe y el jefe de todos los creyentes.”

Nuestro amor hacia Alí y sus hijos (P) es igual que nuestro amor al Profeta (BP) y es su obediencia. Dice un poeta:

“¡Por Dios! La gente no ignoraba su situación, pero ellos ocultaron la verdad a sabiendas”.

Pero todas estas cuestiones van más allá de nuestra discusión sobre el Imamato. Por lo tanto, regresaremos a concluir este tema.

Así decimos que los shiítas Imamitas creen que Dios, Exaltado sea, nunca abandona al mundo sin una evidencia para Sus siervos, un Profeta o Imam, ya sea que estén manifiestos u ocultos. El santo Profeta (BP) a través de una orden explícita, hizo a Alí su sucesor. Alí hizo su sucesor al Imam Rasan. El Imam Hasan hizo a su hermano, el Imam Husain su sucesor. De esta forma la cadena continuó (con los descendientes del Imam Husain) hasta el onceavo Imam. El onceavo Imam, Hasan Al Askari, hizo su sucesor a su hijo, el doceavo Imam, el Imam de la época, el “único esperado (el Imam Mahdi), el Vice-regente de Dios.

Esta creencia (sobre la necesidad de la presencia de un Imam o huyyat -evidencia-) no es una innovación de los shiítas, sino que más bien es una Práctica Divina (Sunnatul iI.lahia) que comenzó con Adán (P) y culminó con el último de los Profetas (Muhammad -BP).

El Profeta (BP) también dijo: “¡Oh, ‘Alí! Sólo son creyentes quienes te aman, y sólo son hipócritas quienes te detestan.” Y dijo: “No detesta a ‘Alí sino un miserable y no ama a Alí excepto un piadoso. “ Y también expresó en reiteradas ocasiones: “‘Alí es parte mía y yo soy de Alí”. Es decir que amar a Alí equivale a amar al Profeta, y odiar a ‘Alí es como odiar al mismo Profeta.

Existen innumerables obras escritas por eminentes ulamá (sabios islámicos) sobre este tema. A continuación exponemos una lista de nombres de ulamá de la primera centuria que han desarrollado el tema de la sucesión (escribiendo tratados sobe el legado o “wasiiah “):

1. Hisham Ibn Al Hakam.

2. Husain Ibn Sa’id.

3. Hakam Ibn Meskin.

4.  ‘Alí Ibn AI Mugeirah.

5. ‘Alí Ibn Husain Ibn Fadl.

6. Muhammad Ibn ‘Alí Ibn Fadl.

7. Ibrahim Ibn Muhammad Ibn Sa’id Ibn Hilal.

8. Ahmad Ibn Muhammad Jaüd Al Barqi (autor de Al Mahasin).

9. El gran historiador Abdul Aziz Ibn Iahia Al Yuludi.

La mayoría de los escritores pertenecen a la primera y segunda centuria. Pero el número de escritores de la tercera centuria también es largo:

1.‘Alí Ibn Raáb.

2.Iahia Ibn Mustafá.

3.Muhammad Ibn Ahmad As-Sabuni.

4. Muhammad Ibn Al Hasan Ibn Farui.

5. El famoso historiador Alí Ibn Al Husein al Mas’udú autor de “Muruy Ad-Dahab”.

6. El sheij At Tafifah Muhammad Ibn Al Hasan At Tusi.

7. El conocido Muhammad Ibn ‘Alí Ash Shalmaghani.

8. Musa Ibn Al Hasan Ibn ‘Amir.

Los libros escritos a partir de la cuarta centuria a duras penas se pueden contar.

Al Mas’udi en su famosa obra “Izbatul Wasiyah” escribió: “Cada Profeta ha tenido doce sucesores “. El autor de los nombres de todos ellos y además escribe brevemente una biografía de cada uno de ellos.

Al final de su obra, él se explaya con mayor detalle acerca de los doce Imames (sucesores del Profeta Muhammad -BP-).

Estas son parte de las cosas que los sabios han escrito sobre el Imamato, estableciendo argumentos intelectuales y narraciones sobre el tema. Nosotros no transcribimos estas cuestiones aquí por falta de espacio.

Por otro lado, los shiítas han sido el blanco de todo tipo de ataques por parte tanto de musulmanes como de no musulmanes por el asunto de la existencia del doceavo Imam. Por consiguiente, nos vemos en la necesidad de explicar esta creencia un poco más detalladamente.

Aquellos grupos (que atacan a la shi’ah por este tema) piensan que los shiítas creen en algo ridículo y sin fundamento. Sin embargo, cuando nosotros examinamos el punto de vista de sus críticas, encontramos que ellas se basan en dos dudas bastante ingenuas, a saber:

1). La primera expresa lo siguiente: ¿Cómo una persona naturalmente puede vivir más de mil años? Respecto a esto, nos gustaría llamar la atención a los lectores acerca de la edad del Profeta Noé (P). De acuerdo a los claros dichos coránicos, el Profeta Noé (P) vivió novecientos cincuenta años llamando a la gente a la misión a Dios (29:14). De acuerdo con la opinión citada por los escritores, la edad del Profeta Noé (P) fue como mínimo de mil seiscientos años. Otros ulamá han ido más lejos, declarando que vivió tres mil años.

Los sabios del “hadiz” de la comunidad mayoritaria (sunnita) también reconocen la longevidad de muchas otras personas aparte de Noé, diciendo que ellos tenían más años que él. El gran sabio An Nuwi en su libro Tahdhibul Asma escribe lo siguiente:

“Aunque existe una gran diferencia de opiniones entre los ulamá acerca de la profecía y edad de Jidr (P), la mayoría de los sabios admite que él aún está presente entre nosotros. Además, los sufis y los urafa declaran unánimemente que él aún está vivo entre la gente y cuentan innumerables historias acerca de su reunión con ellos, las preguntas que le hicieron y sus respuestas, las enseñanzas tomadas de él, su presencia en lugares nobles y santos, etc., todo lo cual es bastante conocido y no es necesario que lo mencionemos”.

El sheij Abu ‘Umar Ibn Salah en sus fatuas (dictámenes) expresa: “La mayoría de los ulamá, los justos y la gente común creen que él (el Jidr) está vivo. Pero algunos comentadores no aceptan esto”.

Yo quisiera recordar que el sheij Abu ‘Umar en otro lugar y Zamajshari en su Rabi al Abrar han escrito:

“Los musulmanes son unánimes en su convicción de que cuatro Profetas aún están vivos con nosotros: Dos de ellos, Jesús e Idris (P), en el cielo, y otros dos, Jidr e Ilías (P), en la tierra. Jidr nació en la época de Abraham (P), el padre de los Profetas. Aquéllos que vivieron cientos de años, sobrepasando la edad natural común son muchos”.

Al.lamah As-Sayyid Al Murtada menciona en su Amali algunos de ellos y el sheij As-Saduq en su Kamalud Din da una lista aún más extensa.

Incluso en la actualidad podemos encontrar personas que han vivido ciento veinte años y aún más.

Dijo el Imam Sadiq (P): “Desde que está establecido que existe un Creador muy por encima de nosotros y muy por encima también de todo lo creado, Quien es Omnisapiente, Exaltadísimo, Aquel que no puede de ninguna manera ser visto o captado por Sus criaturas, de tal forma que pudiese haber una relación directa entre Él y Sus criaturas o viceversa, de modo tal que Él pudiese discutir con Sus criaturas y ellas pudieran replicarle en su momento, entonces queda demostrado que existen enviados que establecen un vínculo entre El y Sus criaturas y siervos, guiarlos hacia aquello que es bueno y provechoso para ellos y hacia aquello que al ser abandonado trae como consecuencia la aniquilación. De este modo queda demostrado que existen entre Sus criaturas aquellos que ordenan y prohíben en nombre del Omnisapiente, el Conocedor de todas las cosas, y quienes hablan en nombre suyo, Poderoso y Majestuoso. Ellos son los Profetas, los selectos de entre Sus criaturas, los sabios que enseñan la sabiduría, quienes han sido enviados con la sabiduría (para Sus criaturas). Aunque ellos tienen un aspecto común, no comparten sus estados con la gente. Han sido auxiliados con la sabiduría por parte del Sapientísimo. Esto ha sido establecido para todas las épocas y todos los tiempos, de acuerdo de las evidencias y pruebas que los Profetas y Mensajeros (P) han traído, de tal forma que la tierra de Dios no sea privada de la prueba, quien posee la evidencia de la autenticidad de sus palabras y quien requiere obediencia a sus justas ordenes”. También dijo: “Ciertamente el mundo no puede permanecer sin un Imam, de tal forma que él regrese a los creyentes a la verdad cuando ellos agregan algo, y cuando ellos omitan algo él lo complete para ellos”.

Desde el punto de vista científico e intelectual resulta lógico considerar que aquél que puede preservar la vida por un día pueda hacerlo por miles de años. Lo máximo que puede decirse es que se trata de algo extraordinario, sobrenatural (fuera de lo común). Pero, ¿acaso lo sobrenatural es algo extraño o poco común en los Profetas y auliá’ (los cercanos) a Dios?

Si se consulta en las páginas de los antiguos tomos de la revista Muqtatif, se pueden encontrar artículos escritos por sabios occidentales que de manera científica han demostrado que un ser humano es capaz de obtener en este mundo una vida eterna. Algunos grandes pensadores occidentales incluso afirman que si la espada de Ibn Mulyam (la maldición de Dios sea sobre él) no hubiera golpeado a ‘Alí Ibn Abi Talib (P), él hubiera vivido para siempre. Justificamos esta presunción en el hecho de que el santo Imam había sido dotado de nobles cualidades de excelencia y salud. Mucho se podría agregar en este punto, pero el tamaño de este escrito no nos permite mayores discusiones.

2). La segunda objeción que se plantea sobre este tema es qué ventajas se obtienen de un Imam que está oculto, cuya existencia o no existencia resultan iguales para nosotros (pues no está a nuestro alcance).

Al respecto, nos gustaría saber si quienes plantean tal objeción creen conocer todos los secretos del mundo y consideran haber comprendido todas las filosofías de las leyes celestiales, sin que exista para ellos ningún punto oscuro ni en el ámbito de la creación ni en el de la religión. (Por otro lado, ¿es necesario que el ser humano conozca todos estos secretos en detalle?) Existen seguramente muchas cuestiones cuyos objetivos y realidades se nos mantienen ocultos, sin que podamos llegar a conocerlas aún hoy en día. Por ejemplo, una piedra en sí misma no beneficia ni daña al ser humano. Sin embargo, nosotros besamos la Hayyarul Aswad (la Piedra Negra, en la Santa Ka’ba en La Meca durante la Peregrinación). Podríamos preguntar: ¿Cuál es la sabiduría oculta en esto?

La plegaria del magrib (ocaso) consta de tres rak’ah (ciclos), mientras que la del isha (noche) consta de cuatro unidades y la del fayr (alba) sólo contiene dos ciclos. ¿Qué sabiduría oculta hay en tales diferencias entre las oraciones?

Deberíamos darnos cuenta de que existe un gran número de asuntos de los cuales ni un Arcángel cercano ni un Profeta tienen conocimiento. Por ejemplo, acerca del conocimiento de la “Hora Final” y cosas semejantes. Dios Altísimo ha dicho en el Sagrado Corán:

“Ciertamente sólo Dios sabe sobre la Hora (el Día del Juicio Final) y hace descender la llovía...” (31:34)

Aparte de esto, existen muchas otras cosas que han sido mantenidas en secreto para nosotros, alguno más que otro, cuya justificación es desconocida. Por ejemplo, nosotros podríamos referirnos al Ismul A’zam (el nombre más grande -de Dios-), a la Noche del Destino (Lailatul Qadr) y el momento preciso para la aceptación de la invocación, etc. En resumen, no hay por qué sorprenderse de que Dios realice algo o sentencie algo cuya sabiduría oculta no sea clara para nosotros (y nadie puede decir que esto es imposible).Sí, podemos debatir sobre si este tema ha tenido lugar o no.

Si existe algo que fue probado por narraciones auténticas del Santo Profeta (BP) y de sus sucesores infalibles (los santos Imames), debemos aceptarlo. No hay otra opción. Sería vano entrar en discusión acerca de la naturaleza de la sabiduría y la obligación del ser humano de encontrar una razón para todo.

En la medida de lo posible nos hemos abstenido deliberadamente de proveer argumentos y pruebas sobre este asunto. Existen ya grandes volúmenes en los cuales estos puntos han sido discutidos en detalle. Además, si miramos al Qaiem (el Ausente) de la familia de Muhammad (el que se levantará de la descendencia de Muhammad –BP-, es decir, el Imam Mahdi –P–), el que actualmente existe de la Descendencia de Muhammad (BP), hay un gran número de tradiciones auténticas acerca de su levantamiento en los textos de conocimiento de ambas escuelas.

Aunque reconozcamos el hecho de que Dios conoce mejor la sabiduría del ocultamiento del Imam Mahdi (P) y que nosotros no sabemos nada sobre este tema, hemos mencionado algunas respuestas al respecto debido a las inquietudes que los mismos shiítas comunes nos han planteado sobre el asunto con el afán de dilucidar algo de los secretos del mismo. Pero no podemos apoyarnos completamente en estas respuestas, ya que a veces un hombre capta y comprende un asunto pero no puede explicarlo (pues las palabras no lo abarcan por completo). Lo último que mencionaremos sobre este tema es que en todas las épocas ha sido necesaria la presencia de un Imam. El mundo no puede permanecer sin la existencia de un Guía señalado por Dios. Su misma existencia es de por sí una merced. En consecuencia, descubrir la sabiduría oculta en la acción de Dios sobre este tema no es necesario. Los argumentos al respecto existen en otras obras escritas. Acá con esto es suficiente, si Dios quiere.

Dijo el Imam ‘Alí (P) sobre sí mismo: Mira a tu Imam, él satisfizo de este mundo con dos ropas viejas y dos pedazos de pan... Estoy seguro que algunos dirán que si el hijo de Abi Talib come tan poco y vive al límite de la inanición, seguramente habrá de debilitarse y quedará exhausto, sin capacidad para enfrentar al enemigo en el campo de batalla. Pero debes recordar que los árboles fuertes crecen en los límites del desierto, teniendo una madera potente, mientras que los que se encuentran en tierras pantanosas tienen una corteza delgada y madera blanda... “

* * *

V. MA’AD (Resurrección – Día del Juicio)

Al igual que todos los musulmanes, los shiítas creen que Dios Altísimo volverá a la vida a la gente para recuento de las acciones, el castigo o la recompensa, en el Día del Juicio.

“Ma’ad “involucra la creencia en la aparición de cada ser humano ante Dios bajo la misma forma que él tenía en la tierra, de tal modo que si el vidente lo mira, puede decir: “El es fulano”. No es necesario saber de qué manera se hará efectivo el retorno. Es decir, no hace falta saber si el ser humano se extingue por completo para luego ser nuevamente creado, alcanzando un nuevo estadio de la existencia, o si es de otra manera. Lo cierto es que él mismo aparecerá nuevamente.

Luego de creer en la resurrección misma, la creencia en la resurrección corporal en particular es uno de los axiomas de la religión islámica que el Corán señala claramente:

“¿Acaso el hombre piensa que no juntaremos sus huesos? ¡Claro que sí! Somos capaces de recomponer sus dedos (y todos sus miembros tal cual estaba)”. (75:3 y 4)

“Si de algo te asombras, asómbrate de lo que dicen: “cuando seamos polvo ¿es verdad que se nos creará de nuevo?” (13:5)

“¿Acaso Nos ha cansado la primera creación? Sin embargo, ellos dudan de una nueva creación”. (50:15)

La resurrección corporal (o física), en síntesis, es el retorno del ser humano en el día de la Resurrección con sus cuerpos luego de haberse descompuesto (y convertido en polvo), regresando a su aspecto original (el que tenía en el mundo) después de haberse podrido totalmente.

No es necesario creer en los detalles de la resurrección física más allá de lo que menciona el Corán, así como en las cuestiones vinculadas a esto, por ejemplo: en el infierno o el paraíso; el bienestar o el dolor en el barzaj (el plano intermedio entre la muerte y la Resurrección, que sería el estado en la tumba); al mizán (la Balanza donde se pesarán las acciones), Sirát (el Puente) Al A’raf (Las Alturas, un lugar situado entre el Paraíso y el Infierno), kitabu amal (el informe de las acciones de cada ser humano, que se entregará el Día del Juicio), donde se mostrarán todos los actos realizados durante la vida de cada uno, un libro que no deja de enumerar nada, ni grande ni pequeño.

Y muchas otras cosas semejantes que nos han llegado de parte de la Revelación o de un narrador fiel (en las tradiciones auténticas), las cuales figuran en sus correspondientes lugares.

Conocer las sutilezas y precisiones de estos asuntos que sólo los pensadores y sabios pueden captar, no es algo obligatorio. Por ejemplo: ¿Acaso retornar el mismo cuerpo o algo de similar aspecto? ¿Acaso las almas se destruyen como los cuerpos o permanecen hasta volver a ellos el día de la Resurrección? ¿Acaso la resurrección es exclusiva de los hombres, o abarca también a las distintas especies de animales? ¿Acaso con la orden de Dios, los cuerpos resucitarán todos a la vez, o lo harán en forma paulatina?

Del mismo modo, la creencia en el paraíso y en el infierno es obligatoria, pero no es necesario conocer sus detalles, como su existencia actual, o saber si están en el cielo o en la tierra, o uno en el cielo y otro en la tierra.

Lo mismo con la balanza, es obligatorio creen en ella pero no es necesario saber si es espiritual o material (con un fiel y dos platillos).

Así también con el puente, si es material fino o espiritual fuerte. En resumen, conocer los detalles de esta cuestión no es una de las condiciones para la realización del Islam.

En efecto, con las creencias en forma simple y entendible en la resurrección tal como lo ha traído el Corán, es suficiente. Pero si el hombre quiere saber más y conocer los detalles para satisfacerse a sí mismo y rechazar las ambigüedades –que generan los que niegan estos asuntos y disputan provocando dudas y buscando argumentos intelectuales o pruebas físicas–, entonces delinquirá contra sí mismo, cayendo en dificultades sin salida ni final.

Porque la religión no invita a entrar en estos detalles como lo hacen los libros de los teólogos y filósofos, tampoco los axiomas religiosos, sociales y políticos invitan a entrar en cuestiones y disputas vanas que figuran en estos libros, lo que lleva a que se pierda el tiempo y los pensamientos.

Si queremos rechazar las ambigüedades y dudas que puedan surgir sobre este tema, debemos pensar en que el hombre es incapaz de comprender estos asuntos ocultos para él, que está fuera de nuestro pensamiento y del ámbito de nuestro ser, y que están por encima del nivel de nuestro mundo.

Además, nosotros sabemos que Dios, el Sabio, el Todopoderoso, nos ha informado sobre realizar la Resurrección y el día del Juicio Final, entonces no es necesario saber más que esto.

El hombre con sus ciencias, experiencias e investigaciones no puede obtener nada de estas cosas. Es absolutamente imposible conocerlas y no se pueden experimentar ni probar (de manera tangible) hasta después de la muerte. En consecuencia, con su conocimiento y experiencia limitada, el hombre no está en condiciones de afirmar o negar este tema, entonces, ¿cómo puede obtener y captar sus detalles, sus condiciones y sus particularidades?, excepto que se apoye en una conjetura o una hipótesis, o las considere totalmente extrañas e insólitas. Esto es así, porque es natural que el pensamiento y la imaginación del hombre consideren extraño las cosas con las cuales no se ha familiarizado, que no ha alcanzado con su ciencia o sus sentidos. Como aquella persona que, tomando un hueso podrido, fue ante el Profeta asombrándose por la resurrección y la vuelta diciéndole:

“…¿Quién le dará vida a los huesos cuando ya están podridos?” (36:78)

En estos momentos él considera este asunto algo raro y sorprendente, ya que no ha visto a un muerto resucitar después de que su cuerpo se hubiese podrido. En realidad ha olvidado de cómo fue creada su esencia y su ser al principio, cuando no existía nada y las distintas partículas que forman su cuerpo estaban dispersadas en la tierra y el espacio, hasta que se convirtió en un hombre acabado, con intelecto y formas de comunicarse (como la lengua para hablar y demás):

“¿Acaso no ve el hombre que lo hemos creado de una gota de esperma? Sin embargo ¡ahí le tienes, porfiador evidente! Nos propone una parábola y se olvida de su propia creación…”. (36:77-78)

A esta persona que se ha olvidado de su propia creación, se le debe decir:

“…le dará vida Aquél que lo creó una vez primera. Y Él conoce perfectamente a toda la creación”. (36:79)

También se le debe decir: Después de conocer al Creador de los seres y a Su poder, a la Misión del Mensajero y la autenticidad de su Mensaje, y después de ver que tu ciencia y entendimiento son débiles e incapaces siquiera de comprender el secreto de tu propia creación, siendo ignorante del modo como ha sido tu crecimiento y desarrollo desde un esperma sin conciencia, voluntad ni intelecto hacia las etapas elevadas, compilándose las partículas dispersas hasta formar un hombre acabado con juicio, voluntad, conciencia y sentimiento. Dice Dios Altísimo:

“Ya hemos creado al hombre de arcilla fina, luego, le colocamos como gota en un receptáculo firme. Luego, creamos de la gota un coágulo de sangre, del coágulo un embrión y del embrión huesos, que revestimos de carne. Luego, hicimos de él otra criatura. ¡Bendito sea Dios, el Mejor de los Creadores!” (23:12 a 14)

Después de todo esto, ¿cómo consideran extraña la resurrección y tu retorno a la vida después de haberte descompuesto totalmente?

Si tú quisieras y te esforzaras, este tema sería claro para ti. Si pretendes conocerlo a través de tu ciencia y tu experiencia, no podrás alcanzarlo por este camino. Sólo existe un único sendero abierto para ti: que aceptes la palabra de Aquél que te ha creado de la nada, que es el Creador del ser y es Sabio y Todopoderoso, y que reconozcas que lo que Él ha informado es auténtico. No existe ningún otro camino para descubrir la veracidad o no de esto,  y aplicar otros métodos no trae ningún beneficio. Tu ciencia es limitada y no puede abarcar esta cuestión, por lo que aplicar cualquier método aparte de aceptar lo que Dios ha declarado, es algo vano y sin resultado, además de ser un desvío. Es como abrir los ojos en las tinieblas.

En los últimos años, el hombre ha desarrollado la ciencia y ha descubierto cosas como la luz, el radar, el uso del átomo y otras que si alguien las hubiese mencionado en los siglos anteriores, las hubieran considerado imposible y se habrían burlado de él. A pesar de esto, el hombre no ha podido descubrir la realidad de la luz o los misterios del átomo, ni siquiera de algunas de sus características o atributos. Entonces ¿cómo pretende descubrir los secretos de la creación y del ser? Y después de esto, ¿cómo puede alcanzar a comprender los misterios de la resurrección y el retorno?

Por consiguiente, después de creer en el Islam es conveniente que el hombre evite buscar estas cuestiones y seguir sus pasiones, y se ocupe de las obras que corrigen sus asuntos en este mundo y en el otro, así como en lo que lo eleva de categoría ante Dios. Debe reflexionar en asuntos que lo ayuden en el camino y meditar en su futuro luego de su muerte, en las dificultades de la tumba, el pedido de cuentas y cosas así cuando se presente ante Dios. Y debe temer:

“Un día en que nadie será castigado en lugar de otro (ni nadie aceptará el castigo de otro), ni se aceptará la intercesión de nadie, ni se admitirá indemnización (o pago como rescate) alguna, ni ellos serán auxiliados (por nadie)”. (2.48)

Finalmente, los shiítas creen que todos están sujetos a recibir castigo o recompensa de acuerdo a sus acciones (y nadie está exento de ello por ninguna condición especial). Las buenas acciones serán recompensadas y las malas acciones obtendrán el castigo. Dice Dios en el Sagrado Corán:

“Aquel que haya hecho una partícula de bien, la verá. Y aquel que haya cometido una partícula de mal, la verá” (99:7 y 8).