BIOGRAFÍA DE FATIMAH AZ-ZAHRA (P)

 

 

En el Nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso

Por cierto que te agradecíamos con la abundancia, reza, pues, a tú Señor y sacrifica por cierto que quién te aborrece es el estéril

(Sagrado Corán, Sura 109)

Los nombres de Fatimah en el Paraíso son: "Nuriah" (Luminosa) y "Haniah" (Ternura).

Preguntaron cierta vez al Imam As-Sadiq (P): "¿Por qué han denominado Zahra’ a Fatimah?” Respondió: "Porque cuando Fatimah oraba en su mihrab (nicho), su luz brillaba para los habitantes de los cielos así como las estrellas brillan para los moradores de la tierra".

Y preguntaron también al Imam: "¿A qué se debe el nombre Fatimah?" "La llamaron Fatimah porque los humanos son incapaces de conocer su esencia".

En una ocasión el Profeta preguntó a Fatimah: "¿Sabes por qué te llamas Fatimah?" "¿Por qué?", preguntó Alí que se encontraba presente. Y explicó(BP): "Porque ella y quienes la sigan estarán a salvo del fuego infernal".

 

Su nombre: Fatimah

Sus apodos: Ummul Hasan, Ummul Husain, Ummul Muhsin, Ummul A'immah y Ummu Abiha

Algunos de sus epítetos más conocidos: Zahra, Batul, Siddiqatul Kubra, Mubarakah, 'Adh:ra, Tahirah, Rad:iah, Mard:iah, Saiidatun Nisá, que significan, según el orden: Resplandeciente, Inmaculada, Gran Veraz, Bendita, Virgen, Purificada, Complaciente (a Dios), Complacida (de Dios), y Señora de las Mujeres.

Su padre: El Enviado de Dios, Muhammad Ibn Abdul.lah (BP) -Profeta del Islam-.

Su madre: Jadiyatul Kubra, esposa del Profeta y primera musulmana.

Lugar y fecha de nacimiento: La Meca, año 5 de la Bi'zah (Misión Profética).

Su martirio: Medina, año 11 de la Hiyrat (Hégira), dos meses y medio después del fallecimiento del Profeta.

Su sepulcro: Desconocido hasta la actualidad. Fue enterrada por el Imam Alí (P), a pedido expreso suyo y por razones políticas, ocultamente, a mediados de la noche.

Sus hijos: Imam Hasan Al-Muytaba(P), Imam Husain Saiid Ash-Shuhada(P), Zainab Al-Kubra(P), Ummu Kulzum y Muhsin, que no llegó a nacer.

 

LA RECIÉN NACIDA DE LA REVELACIÓN

El día viernes, 20 de Yamadiuz Zani, cinco años después de que el Profeta fuera designado como tal, bajo el cielo del Hiyaz, en los declives de las rocosas montañas de La Meca, frente al panorama de la Ka’bah, en la Casa de la Revelación, en el sitio que el Profeta iluminaba cuando recitaba versículos del Corán, en la casa que los ángeles conocían muy bien y frecuentaban, en la casa donde la voz celestial del Profeta, cuando oraba mañana y tarde, vinculaba su suelo al cielo, en la casa que fuera esperanza de los huérfanos, en el lugar al que se abocaban los desamparados, en el refugio de los desterrados, en la casa del Profeta y de Jadiyah, nació una bella niña... la hija de Muhammad.

La manifestación de la pureza, la humanidad hecha mujer, la igual de Alí(P), “la Señora de las Mujeres del Universo”, Fatimah, llegó a este mundo. La casa del Enviado de Dios (BP) fue la institución de amor y cariño. En aquellos días, cuando el Profeta atravesaba las dificultades propias de su lucha por salvar a los hombres, como una brisa suave, acariciaba los agotados semblantes de sus padres y minimizaba el dolor de los días más penosos del Mensaje.

¡Qué hermoso que una niña fuera tan valorada! De la cual dijera el Enviado de Dios: "Es mi alma... Cuando anhelo oler el perfume del paraíso me acerco a Fatimah".

Esto no es nada extraño tratándose de Fatimah, ya que ella conforma el grupo al cual Dios hace referencia y elogia en el Sagrado Corán, cuando dice:

“Al.lah solo quiere alejar de vosotros la impureza, ¡Oh, Gente de la Casa (Profética)!, y purificaros de sobremanera”.

(Sagrado Corán 33:33)

Fatimah es la síntesis del Santo Profeta del Islam, su brillante vida es merecedora de toda alabanza celestial. Fue escogida por Dios entre todas las mujeres. Es quien con su firmeza afirmó el valor de la mujer. Sólo su existencia es el mejor testigo de que la mujer es capaz de volar a la cima espiritual que alcanzan los hombres.

 

JUNTO A SU PADRE

Fatimah contaba con dos años de edad cuando, junto a su padre, sufrió el bloqueo económico de Quraish. Soportó las más difíciles condiciones de vida, pasó hambre durante tres años en el valle de Abu Talib, junto a todos los musulmanes. Al décimo año de la Bi'zah (proclamación de Muhammad como Profeta), poco después de abandonar el valle, perdió a su querida madre, a la que diez años de lucha y aflicción habían debilitado. Aunque para aquella pequeña niña aquel acontecimiento fue muy doloroso, la compañía de su padre hacía menos trágico su infortunio.

Cuando tenía ocho años, poco después de la emigración del Profeta a Medina, partió hacia allí junto a Alí (P) y un grupo de mujeres. Una vez más se reunió con su padre. En los difíciles momentos vividos por el Profeta en Medina, Fatimah siempre lo acompañaba. En la batalla de Uhud, cuando los musulmanes asumieron el fracaso, con prisa Fatimah fue hacia el campamento y junto con Alí se encargó de curar las heridas de Muhammad(BP).

Fatimah creció con el Islam, vivió con el Corán, respiró el aire del Mensaje de la Profecía, su vida no estaba desvinculada de la de su padre. Inclusive luego de su casamiento su casa era vecina a la suya. El Profeta (BP) frecuentaba su casa más que cualquier otro sitio. Cada mañana antes de dirigirse a la mezquita, visitaba a Fatimah. Cuando emprendía un viaje, la última persona en despedir era Fatimah. A su regreso, ella era a la primera que visitaba. Esto significaba que él no deseaba separarse de Fatimah ... y en sus últimas horas de vida Fatimah estuvo llorando junto a su lecho. El Profeta la consoló anunciándole que sería la primera en seguir sus pasos.

 

LA MADRE DE FATIMAH

Fatimah vivió junto a su sacrificada madre sólo durante cinco años. Jadiyah fue la primera dama del Islam. El Profeta hablaba así de ella: "Jadiyah es una de las mejores mujeres de esta Ummah -Comunidad-". Era tan amada por el Profeta que luego de su muerte solía recordarla.

Dijo 'Aisha: "El Profeta recordaba tanto a Jadiyah, que un día le dije: "¡Oh, Enviado de Dios!: Jadiyah no era más que una anciana, Dios te ha agraciado con alguien mejor". A lo que el Profeta me respondió: "Juro por Dios que El no me ha dado nada mejor. Creyó en mí cuando todos permanecían sumergidos en la incredulidad, me corroboró cuando otros me desmentían, puso a mi disposición sus bienes cuando otros me privaban de ellos, y Dios, el Altísimo, me ha otorgado mi descendencia gracias a ella".

 

EL AMOR DEL PROFETA (BP) HACIA FATIMAH (P)

De entre las maravillas que exaltan de manera más relevante la vida de Fatimah, se encuentra el extraordinario amor de su padre hacia ella. Sabiendo que el Profeta del Islam es la mejor criatura y el más próximo a Dios, y que sus dichos, su proceder y tradición son el criterio de la verdad y la justicia en todos los aspectos, se nos esclarece mucho más la elevada jerarquía de Fatimah, sobre todo teniendo en cuenta que, según lo expresado por el Corán, el Profeta no decía palabra alguna en forma vana y caprichosa, sino que todo lo que expresaba se originaba de la inspiración divina.

“…No habla por capricho, sino que es inspiración que le es revelada”

(Sagrado Corán 53: 3y 4)

El Profeta tenía otras hijas y aunque con todas ellas, e inclusive con otros parientes era muy amable y cariñoso, su particular amor hacia Fatimah era muy evidente. Es interesante saber que en numerosas oportunidades expresaba ante la gente su amor hacia ella y les recomendaba el buen trato para con ella. Esto por sí solo constituye un documento que verifica que la vida de Fatimah y sus hijos están enlazados con el destino del Islam y deja en claro que la relación entre el Profeta y Fatimah no fue sólo un vínculo de padre e hija sino que está estrechamente unido a los asuntos vitales de una sociedad, el futuro de una comunidad y órdenes divinas respecto a la comandancia de la Ummah (comunidad) Islámica. He aquí algunas expresiones y actitudes de amor y cariño del Profeta respecto a Fatimah (P):

1- Siempre que se iba de viaje, la última persona de la que se despedía era Fatimah, y cuando regresaba era la primera a la que iba a ver.

2- El Imam Al-Baqir y el Imam As-Sadiq (con ambos sea la paz), dijeron que el Profeta (BP), siempre antes de dormir, iba a ver a Fatimah, le daba un beso, la apoyaba en su regazo, y suplicaba por ella.

3- El Profeta (BP) dijo: “Fatimah es parte de mí. Quienquiera que la alegre me alegra, y quienquiera que la enfade me enfada. Fatimah es la persona más preciada para mí”.

4- También dijo (BP): “Fatimah es parte de mí. Es el corazón y el espíritu que están dentro de mí. Quien la molesta me molesta, y quien me molesta está molestando a Dios”.

5- Dijo (BP): “Ciertamente que la primera persona en entrar al Paraíso será Fatimah; su ejemplo en esta comunidad es como el ejemplo de María, hija de Imran, entre los hijos de Israel”.

6- También expresó (BP): “...Mi hija Fatimah es la Señora de las mujeres del universo, desde las primeras hasta las últimas. Ella es parte de mí; es la luz de mis ojos; es el fruto de mí ser, es el espíritu que hay en mí; es una hurí de la especie humana que ha surgido de mí. Cuando ella se constituye en oración en su lugar de rezo ante la presencia de su Señor, su luz brilla para los ángeles que están en el cielo, así como las estrellas brillan para los moradores de la tierra; entonces Dios, Poderoso e Imponente, dice a Sus ángeles: "¡Ángeles míos!: Vean a Mi sierva Fatimah, la Señora de todas mis siervas que está en mi presencia, cómo vibra por piedad y temor a Mí, cómo su corazón está colmado de adoración por Mí. Sed testigos que Yo pondré a sus seguidores a salvo del fuego infernal"“.

 

UN CASAMIENTO CELESTIAL

En el segundo año de la hégira, el Profeta (BP) dio en matrimonio a Fatimah a Amir Al-Mu'minin Ali (con ambos sea la paz). Ciertamente que esta unión era la única digna de ambos, ya que según lo expresado por el mismo Profeta y enfatizado por los inmaculados Imames: "Si Alí no hubiese existido, no habría nadie que se casara con Fatimah, y si no hubiera existido Fatimah, no habría nadie que mereciera a Alí".

Fatimah había rechazado a muchos pretendientes de entre los más nobles y ricos de Quraish y de los árabes. El Profeta decía: “El casamiento de Fatimah será concretado por orden divina”. Poco a poco los compañeros del Profeta se dieron cuenta de que el casamiento de su hija no era un asunto fácil, y que cualquier persona, aunque tuviera mucho prestigio y riquezas, no conseguiría su consentimiento. Quien desposara a Fatimah debía ser por su veracidad, fe y virtudes espirituales y morales, alguien que se encontrara justo detrás del Profeta; y no había nadie más que Alí (P) que cumpliera con estos requisitos. Cuando finalmente se animó a pedir la mano de Fatimah, el Profeta le dijo:

“Antes de que llegaras, un ángel me informó que Dios, Exaltado Sea, ha ordenado que casara a Fatimah con Alí”.

Cuando le preguntaron a Alí qué tenía para solventar la boda, él respondió que no tenía más que su armadura, su espada y su camello con el cual tansportaba agua para la gente. El Profeta le dijo que vendiera su armadura, y con ese dinero, que llegaba a quinientos dirham, fueron comprados los utensilios para la casa y un ajuar muy simple para Fatimah (P). Se realizó una ceremonia donde dieron de comer a los invitados, y luego con alegría y con las súplicas del Profeta (BP), las mujeres rodearon al camello de Fatimah acompañándola a la casa de Alí. Y así, tan sencillamente, terminó el casamiento de la más virtuosa de las mujeres del universo.

Cuando Alí fue a pedir la mano de Fatimah, el Profeta le dijo: “Antes que tú, vinieron muchos pretendiendo a Fatimah y con cada uno, siempre que le comentaba a ella al respecto, se daba vuelta y lo rechazaba, así que espera hasta que yo vuelva”. Entonces el Profeta fue con Fatimah y le informó que Alí la pretendía, y ella se mantuvo en silencio pero no le dio la espalda. El Mensajero de Dios (BP), entonces, se levantó diciendo: “ALLAHU AKBAR (Dios es el Más Grande), su silencio es su afirmación”.

La dote de casamiento que Alí (P) dio a Fatimah (P), fue una armadura que fue vendida, e incluso con parte de ese dinero se compraron cosas para la casa y el ajuar que se detalla a continuación: Un vestido comprado por 7 dirhames, un pañuelo al precio de 1 dirham, una cama árabe de madera, 2 colchones, cuatro almohadas, una cortina, un mortero de piedra, un recipiente para la leche, una bolsa de piel para guardar el agua, una alfombrilla, una bolsa de piel y dos o tres elementos más.

 

LOS CONSEJOS DEL PROFETA A FATIMAH

En cierta ocasión, mi padre, el Profeta, llegó a mi casa justamente cuando me disponía a dormir. Entonces me dijo: "¡Fatimah! No duermas jamás sin antes realizar las siguientes cuatro prácticas: "Completar la lectura del Sagrado Corán, convertir a los Profetas (P) en tus intercesores, contentar a los creyentes y realizar Hayy (Peregrinación Mayor) y 'Umrah (Peregrinación Menor).

Luego comenzó a orar. Esperé a que concluyera y le dije: "¡Oh, Enviado de Dios!, me has aconsejado cuatro prácticas imposibles de concretar". Muhammad sonrió y me explicó: "Cuando recites tres veces la Sura Al-Ijlas, habrás completado la lectura del Sagrado Corán; cuando envíes tus saludos a mí y a los Profetas que me precedieron, ALLAHUMMA SALLI 'ALA MUHAMMADIN UA ALIHIT TAIIBINAT TAHIRIN, ALLAHUMMA SALLI 'ALAL ANBIA'I UAL MURSALIN-¡Oh Dios, bendice a Muhammad y a su Descendencia, Inmaculada, Purificada! ¡Oh Dios, bendice a los Profetas y Enviados-, nos habrás convertido en tus intercesores en el Día del Juicio; cuando pidas el perdón por los creyentes, ALLAHUMMA IGFIR LIL MU'MININA UAL MU'MINAT UAL MUSLIMINA UAL MUSLIMAT AL 'AHIA'I MINHUM UAL AMUAT -¡Oh Dios, perdona a los creyentes y a las creyentes, a los musulmanes y a las musulmanas, de entre los vivos y los muertos- habrás obtenido su contento y cuando digas: SUBHANALLAH UAL HAMDU LILLAH UA LA ILAHA ILLA AL.LAH UA ALLAHU AKBAR, -Glorificado sea Dios, Alabado sea Dios, No hay dios sino Dios, Dios es el más Grande- entonces habrás concretado el Hayy y el 'Umrah".

 

EL TASBIH O ROSARIO DE FATIMAH

Cierta vez el Imam Alí (P) preguntó a Ibn A'bad, un integrante de la tribu Bani Sa'd: "¿Quieres que te hable de mi vida junto a Fatimah? Era la más amada por el Profeta. Cuando vivió en mi casa se esforzó mucho, tanto que un día le aconsejé: ¡Sería bueno que visitaras a tu padre, tal vez él pueda hacer algo por ti! Pronto Fatimah visitó a su padre. En esa oportunidad el Profeta (BP) se encontraba ocupado atendiendo los requerimientos de quienes se interesaban por el Islam. Por eso Fatimah se sintió avergonzada y regresó a su casa. A la mañana siguiente el Profeta (BP) visitó a su hija y le preguntó: ¿Qué motivó tu visita el dia de ayer, hija mía? Fatimah no respondió. Por segunda vez el Profeta repitió su pregunta. Fatimah no se atrevió a responderla. Entonces hablé yo, diciendo: "¡Oh, Enviado de Dios! Fatimah trabaja demasiado y yo le aconsejé que te visitara a fin de que tú le brindaras ayuda. Al oír mis palabras, Muhammad (BP) nos dijo: "¿Quieren que les enseñe algo que les aprovechará mucho más que la tarea de una sirvienta? Y nos enseñó el "Tasbih", de Fatimah Zahra’.

 Esta práctica consiste en repetir treinta y cuatro veces "Allahu Akbar" -Dios es el más Grande-, treinta y tres veces "Subhanallah" -Glorificado sea Dios- y treinta y tres veces "Alhamdulillah" -Alabado sea Dios- .

Es muy preferible realizar el Tasbih luego de cada una de las oraciones diarias. Concretando esta práctica la recompensa de un ciclo de oración se multiplica por mil.

 

MORAL, ACTITUDES Y ASPECTOS DE LA VIDA DE FATIMAH (P)

COMPARTÍA LAS TAREAS DEL HOGAR CON SU SIRVIENTA

Debemos considerar que Fatimah (P), durante sus primeros años de vida, vivió muy humildemente. Luego de su posesión de Fadak su situación mejoró y Fidda fue una sirvienta que el Profeta le asignó. Por lo tanto, si en algunas narraciones se hace referencia a su dificultosa vida y en otras se habla de su sirvienta, son acontecimientos sucedidos en diferentes períodos.

Relata Salman Al-Farsi: "Fatimah se encontraba moliendo cebada para hacer harina. Sobre la manija del molino había sangre; la mano de Fatimah estaba herida. Husain (P), que en esa época era un niñito, estaba llorando. Le dije: "¡Oh, hija del Enviado de Dios!: te estás lastimando cuando tienes a Fidda para que te ayude a hacerlo. Dijo: "El Enviado de Dios me ha aconsejado trabajar un día cada una. Su turno fue ayer..."

FIDDA, UNA FERVIENTE SEGUIDORA DE FATIMAH

El nombre Fidda se lo había elegido el Santo Profeta (BP). Fue educada e instruida de tal manera en la casa de Fatimah y Ahlul Bait (P), que su nombre se destaca en la lista de las grandes mujeres del Islam. Logró obtener un gran desarrollo espiritual y se narran de ella hechos realmente sorprendentes.

Ibn Shahr Ashub cuenta, de un musulmán, el siguiente relato que figura en el libro de Abul Qasim Qushairí:

"En el desierto del Hiyaz me había retrazado de la caravana. De pronto vi a una mujer y le pregunté: "¿Quién eres?". Respondió:

“... Y di: "¡Paz!" ¡Pronto sabrán!”
(Sagrado Corán 43:89)

(Insinuando por qué no la saludé)

Entonces la saludé y le pregunté qué estaba haciendo allí. Respondió:

“... a quien Dios guía, nadie podrá extraviarle...”
(Sagrado Corán 39:37)

(Me dio a entender que estaba perdida)

Le pregunté si es que era de entre los humanos o de entre los genios. Dijo:

“¡Oh, hijos de Adán! ¡Engalanaos de vuestro mejor indumento...!”  (Sagrado Corán 7:31)

Le pregunté: "¿De dónde has venido?". Respondió:

“... como si les llamaran de un lugar remoto"
(Corán 41:44)

Le dije: "¿A dónde te diriges?". Respondió:

“La peregrinación a la casa es un deber para con Dios...”
(Corán 3:97)

Pregunté: "¿Cuánto tiempo hace que te retrasaste de la caravana?". Respondió:

“Habíamos creado los cielos y la tierra y cuanto existe entre ambos en seis días” (Corán 50:38)

Pregunté: "¿Tienes hambre?". Me respondió:

“No les dotamos de cuerpo que pudiesen prescindir de alimentos…” (Corán 21:8)

(Insinuando que tenía hambre)

Entonces le di comida y luego le dije: "¡Apresúrate!". Dijo:

“Dios no impone a ningún ser una carga superior a sus fuerzas” (Corán 2:286)

Pregunté: "¿Deseas subir detrás de mí sobre el camello?". Respondió:

“Si hubiera en el Universo otras divinidades, además de Dios, todo se habría corrompido…” (Corán 21:22)

Escuchando esta aleya, descubrí que no quería subir junto a mí porque no es correcto que un hombre extraño esté junto a una mujer, por lo que me bajé del camello para que ella lo montara sola, y al subir dijo:

“…¡Glorificado sea quien sometió para nosotros esto...”
(Corán 43:13)

Continuamos avanzando hasta llegar a la caravana. Allí le dije: "¿Tienes algún conocido en la caravana?". Respondió:

“¡Oh, David! por cierto que te hemos designado vicario en la tierra...”
 
(Corán 38:26)

“Muhammad no es mas que un Mensajero ...” (Corán 3:144)

“¡Oh, Iahia! observa fervorosamente el Libro!” (Corán 19:12)

“... fue llamado: ¡Oh, Moisés!” (Corán 20:11)

Invoqué estos nombres: "¡Oh David!, ¡Oh Muhammad!, ¡Oh Iahia!, ¡Oh Moisés!", y vi que venían hacia mí cuatro jóvenes.

Le pregunté a aquella mujer qué relación tenían con ella, y me dijo:

“LA HACIENDA Y LOS HIJOS SON EL ENCANTO DE LA VIDA MUNDANAL...” (Corán 18:46)

Y cuando se presentaron ante ella, dijo:

“¡Oh, padre mío!, ¡dale un empleo! no podrás emplear a nadie mejor que este hombre, fuerte, de confianza” (Corán 28:26)

Aquellos jóvenes me dieron dinero y algunas otras cosas y la mujer añadió:

“Dios multiplica más aún a quien le place ...” (Corán 2:261)

(Refiriéndose a que me dieran más)

...Y ellos así lo hicieron.

Cuando vi esto pregunté a los jóvenes: "¿Quién es esta mujer?". Respondieron:

"Esta es nuestra madre Fidda, la sirvienta de Az-Zahra’ (P), que hace 20 años que no habla más que por medio de las aleyas del Sagrado Corán".

 

LA HUMILDAD DE FATIMAH Y SU TEMOR A DIOS

Cuando descendieron los versículos 43 y 44 de la Sura Al Hiyr, que dicen:

“Por cierto que el Infierno será el destino de todos ellos tiene siete puertas y cada una esta destinada a una parte de ellos”
(Corán 15:43-44)

El Profeta se echó a llorar desconsoladamente. Al verlo en ese estado sus discípulos también lloraron, desconociendo lo que Gabriel le había anunciado. Ninguno se atrevía a preguntarle el motivo de su llanto. Entonces, sabiendo que lo único que podía quitarle la tristeza era la presencia de Fatimah, Salman fue a buscarla. Al verla observó que ella estaba moliendo cebada y diciendo: “Lo que esta junto a Dios es preferible y mas perdurable” (42:36), y vestía un manto rústico con muchos remiendos.

Salmán le comunicó lo sucedido y de inmediato se preparó para salir con el manto que llevaba puesto. A Salmán le conmovió la humildad de Fatimah y dijo: "¡Observa! Las hijas de Kisrah y el César visten ropas de seda y gasa y la hija de Muhammad (BP) usa un manto áspero con muchos remiendos".

Fatimah (P) se acercó al Profeta, saludó y dijo: "Querido padre, Salmán se sorprendió al ver mi ropa, mientras juro por Quien te ha designado Profeta que hace cinco años que Alí y yo no contamos más que con un cuero de oveja que durante el día usamos en nuestros quehaceres y durante la noche nos sirve de lecho. Nuestra almohada es de hoja de palmera". El Profeta dijo: "¡Oh, Salman! Mi hija pertenece al grupo de los "Sabiqun", los primeros creyentes". Dijo Fatimah: "¡Padre!: ¿Qué fue lo que causó tu tristeza?". El Profeta le recitó el versículo recién revelado. Al oírlo, Fatimah lloró tan intensamente que quedó en un estado de gran emoción y repetía constantemente: "¡Pobre de aquél que sea arrojado al fuego..."

Sí, esa era la humildad de Fatimah, su estado no sólo impresionaba a los demás sino que su propio padre al ver su sencillez se conmovía.

Fatimah, vistiéndose humildemente, enviaba un mensaje a toda la humanidad; ella decía que si el hombre se sumerge ilimitadamente en la vida lujosa es incapaz de alcanzar las elevadas virtudes humanas. De este modo deseaba hacer comprender que el real valor no está en la apariencia o la forma de vestir sino que el espíritu es el criterio de su humanidad. De esta forma, Fatimah quiso demostrar que los líderes de una sociedad deben mantener sus vidas en un nivel similar al de los estratos desposeídos de la misma para así hacer más llevadera sus vidas.

Ibn Shahr Ashub relata del Tafsir (interpretación coránica) Za'labi y el Tafsir Gushairi que dijo el Imam As-Sadiq (P):

Un día el Enviado de Dios vio a Fatimah (P) vistiendo un atuendo de lana de camello. Con sus manos trabajaba con el molino y al mismo tiempo amamantaba a su hijo. El Profeta se conmovió y le dijo: "¡Hija mía!: Soporta la amargura de este mundo hasta alcanzar la dulzura del Ajirat (otro mundo)". La respuesta de Zahra’ (P) a su padre fue la siguiente: “¡Oh, Enviado de Dios, las alabanzas pertenecen a Dios por Sus Mercedes y el agradecimiento es solo para Dios por Sus Gracias!

 

COMIDA CELESTIAL DESCIENDE PARA FATIMAH

Alí Ibn Isa Irbalí, en el libro Kashf Al-Gumma, transmitió de Abu Sa'id Jidrí, que un día Alí Ibn Abi Talib (P), luego de haber dormido antes de la oración del mediodía, dijo a Fatimah: "¡Oh, Fatimah!: ¿Hay algo de comida que pueda saciar mi hambre?" Ella respondió: "No, juro por el Dios que designó a mi padre Profeta, y a ti, su sucesor, que hoy no tengo comida para saciar tu hambre. Desde hace dos días sólo había en la casa lo que te servía, prefiriéndote antes que a mí misma y a mis hijos, Hasan y Husain."

Ali (P) le dijo: "Oh, Fatimah ¿Por qué no me has informado para que te procurara algo de alimento?"

Respondió: "¡Oh, Abal Hasan!, tenía vergüenza ante Dios de requerir algo que no pudieras darme."

Al oír sus palabras, Alí (P) salió de la casa con el corazón lleno de esperanza y confianza en Dios, y pidió prestado un dinar a fin de poder comprar algo para llevar a su casa.

En el camino se encontró con Miqdad Ibn Asuad. Casualmente, ése era un día muy caluroso y el Príncipe de los Creyentes, observó en el rostro de Miqdad los efectos de los rayos de sol y su cansancio, por eso le preguntó: "¡Oh Miqdad! ¿Qué motivo tan importante te ha hecho salir de tu casa a esta hora, pese al intenso calor?". Miqdad respondió: "¡Oh, Abal Hasan! Haz de cuenta que no ocurre nada, no me preguntes por mi situación".

Alí dijo: "¡Oh, hermano mío!: No puedo pasar por alto tu estado sin antes conocer lo que te acontece".

Miqdad dijo: "¡Oh, Abal Hasan! ¡Por Dios y por ti, no me preguntes sobre mi estado!".

Dijo Alí: "¡Oh hermano, no puedes ocultarme tu estado!".

Miqdad contestó: "¡Oh, Abal Hasan! Ahora que me insistes te informaré, ¡por la Profecía de Muhammad y por ti, que eres su heredero escogido!, que no me acontece otra cosa más que la pobreza y la carestía. Estando mi familia hambrienta, salí de casa, puesto que escuché el llanto de mi familia por la intensidad del hambre. No pude contenerme y me decidí a salir. Este es mi estado, mi situación.

El llanto inundó los ojos del Imam Alí (P), hasta embeber su barba, y le dijo a Miqdad: "¡Juro por el mismo Profeta que tú juraste, que el mismo asunto es lo que me decidió a mí también a salir de casa y tomar un dinar prestado, pero ahora te lo ofrezco, pues tú tienes prioridad."

Alí (P), le entregó el dinero a Miqdad y se dirigió a la Mezquita para hacer la oración del mediodía y se quedó allí hasta el horario de la oración de la tarde y del crepúsculo, orando detrás del Profeta.

El Profeta realizó la oración del crepúsculo y observó que Alí (P) estaba en la primera fila, y lo llamó.

Alí (P) lo saludó y el Profeta (PB) respondiéndole el saludo le dijo: "¡Oh, Abal Hasan! ¿Tienes comida para que yo vaya a cenar a tu casa esta noche?".

Alí (P) bajó la cabeza y guardó silencio con vergüenza pensando en qué le respondería al Profeta.

El Profeta se había enterado, por medio de la revelación, del hambre que padecían Alí y su familia, del dinar que había pedido prestado, de la forma en que se lo había cedido a Miqdad y de todo lo que les hubo acontecido. Por tal razón, le había sido ordenado por Dios, ir a casa de Alí (P) esa noche para cenar.

El Profeta miraba a Alí, y notando su silencio con un halo de vergüenza y desconcierto le dijo: "¡Oh, Abal Hasan!" ¿Por qué no me dices "no", a fin de que no vaya, o me dices "sí", para que te acompañe?".

Alí dijo: "¡Con todo gusto, me honra tu presencia, acompáñame!".

Juntos se dirigieron hacia la casa de Fatimah. Al ingresar observaron que estaba sentada en el lugar donde acostumbraba a orar, y que detrás suyo había una bandeja con comida caliente y humeante. Al oír la voz de su padre, Fatimah se puso de pie y lo saludó.

El Profeta, que amaba a Fatimah más que a nadie, la acarició y le dijo: "Hija mía, ¿Cómo has vivido este día? ¡Que Dios se apiade de ti!."

Ella respondió: "Muy bien padre". De inmediato, tomó aquella bandeja y la colocó frente a Muhammad.

Al observar aquel recipiente colmado de alimentos y gustar su aroma, Alí (P) miró a Zahra’ sorprendido y fue encandilado por su rostro.

Fatimah le preguntó: "¿Por qué me miras de ese modo, Alí?".

El respondió: "¿Es que acaso no juraste y dijiste que hacía dos días que no probabas bocado?".

Fatimah elevó su mirada al cielo y dijo: "¡Mi Dios es Conocedor de todo cuanto acontece en los cielos y en la tierra y bien sabe que no he mentido!".

Alí interrogó: "Pues, entonces, ¿De dónde ha provenido esta comida, que mis ojos jamás han visto algo igual ni he percibido jamás un aroma tan exquisito?".

El Mensajero de Dios extendió su bendita mano sobre el hombro de Alí y presionándolo cariñosamente le dijo: "Esta comida fue enviada a cambio de ese dinar que diste y proviene de Dios, el Altísimo, porque: "ciertamente Dios sustenta sin medida a quien le place".

En ese momento, el Profeta, derramando lágrimas, decía:

"¡Alabado sea Dios, Quien no quiso que vosotros os vayáis de este mundo, sin recompensaros a ti, Alí, con la recompensa de Zacarías, y a ti, Fatimah, con la recompensa de Mariam, la hija de Imran!".

 

Muchos dichos relatan que luego de este acontecimiento, el Profeta recitaba las aleyas del Sagrado Corán que recuerdan la historia de Zacarías y Mariam.

Huyyatul Islam Hashemí Rasulí Mahallatí, dice que el Hadiz (dicho) arriba mencionado ha sido transmitido de este modo por muchos de los grandes narradores shí'as y algunos de la Escuela Sunnah. Muhibbu Din Tabarri en su libro Dajairul Uqba (Los tesoros del Uqba), en la página 45, lo transmite exactamente del mismo modo que lo relatamos. Y luego acota que Hafez Dameshqí también lo menciona en su libro Arba'in Taual.

 

LA GARGANTILLA BENDITA

Cierto día estábamos rezando la oración de la tarde junto al Profeta (BP) y sus compañeros estaban sentados a su alrededor. De repente entró un anciano que vestía una ropa harapienta, y por su vejez y debilidad no podía mantenerse de pie.

El Profeta (BP) al verle le preguntó quién era, a lo que contestó:

- "¡Oh Enviado de Dios!: Soy un hombre hambriento; satisfaz mi hambre. Estoy desnudo; dame vestimentas. Soy pobre; dame algo".

- "Yo ahora no tengo nada para darte -dijo el Profeta- pero te guiaré hacia un lugar donde quizás te den lo que necesitas. Ve hacia la casa de alguien quien ama mucho a Dios y al Profeta y a quien Dios y el Profeta también aman. Ve hacia la casa de mi hija Fatimah, quizás ella tenga algo para darte". Luego le dijo a Bilal: "Guía a este anciano hacia la casa de Fatimah".

Cuando llegaron a la casa de Fatimah (P) el anciano dijo: "Las bendiciones sean sobre ti ¡Oh hija del Profeta!". Fatimah le preguntó: "¿Quién eres?". El respondió: "Soy un mendigo que se presentó ante tu padre y él me ha enviado hacia ti. Estoy hambriento; satisfaz mi hambre. Estoy desnudo; dame algo para vestir. Soy pobre; dame una limosna".

Fatimah, que no tenía ninguna comida en su casa, le dio una piel de cordero que era el manto de Hasan y Husain (P), pero el anciano replicó: "¿Cómo solucionará mi vida esta piel de cordero?".

Entonces Fatimah (P) le dio una gargantilla que le había regalado una prima suya y le dijo: "Véndela y soluciona tu vida".

El anciano regresó ante el Profeta y le narró lo ocurrido. El Profeta (BP) lloró y le dijo: "Vende esta gargantilla, así Dios, por la bendición de Fatimah que te lo regaló, aleje tus problemas".

Amar Yaser pidió permiso al Enviado de Dios para comprar la gargantilla y le preguntó al anciano por cuánto la vendía.

- Al precio con el cual pueda saciar mi estómago con pan y carne, y pueda cubrir mi cuerpo con un mano yemení para poder rezar y me quede un dinar para poder llegar ante mi familia y mi gente.

- Yo te compraré el collar a veinte dinares y doscientos dirhames y te daré un manto yemení, una cabalgadura y pan y carne para que puedas saciar tu estómago.

El anciano le vendió el collar a Amar y recibió su dinero y luego regresó ante el Profeta. El Enviado (BP) le preguntó: "¿Estás satisfecho?".

- Sí. Gracias a las bendiciones de Fatimah ya no tengo necesidades. ¡Ojalá Dios le dé a cambio algo que ningún ojo haya visto ni ningún oído escuchado!

El Enviado de Dios dijo a sus compañeros: "Dios otorgó eso a Fatimah en este mismo mundo, ya que le dio un padre como yo, un esposo como Ali e hijos como Hasan y Husain. Cuando el Ángel de la Muerte tome el espíritu de Fatimah y en la tumba se le pregunte: "¿Quién es tu Profeta?, responderá: "Mi padre" Y le pregunte: ¿Quién es tu Imam?, responderá: "Mi esposo Ali ibn Abi Talib". Dios asignó a un grupo de ángeles para que después de su muerte constantemente envíen bendiciones sobre ella, su padre, su esposo e hijos. Debéis saber que cada uno de vosotros que me visite después de mi muerte será igual a que si viniese a visitarme en vida y cada uno de vosotros que visite a Fatimah será igual que si me visitara a mí".

Amar tomó el collar, lo perfumó y lo colocó dentro de un lienzo yemení y le dijo a su siervo: "Lleva esto ante el Profeta como obsequio y tú también, de ahora en más, le perteneces".

Cuando el siervo se presentó ante el Profeta (BP), él le hizo ir donde Fatimah, ella a su vez tomó el collar y liberó al esclavo.

En el momento en que el esclavo fue liberado éste sonrió. Le preguntó Fatimah (P) cuál era la causa de su risa y él respondió: "Estoy maravillado por la bendición de este collar, pues sació a un hambriento, vistió a un desnudo, apartó las necesidades de un pobre, liberó a un esclavo y luego, además de ello, regresó a su dueño".

 

EL VESTIDO DE NOVIA

El Profeta (BP) había comprado a Fatimah un vestido para su boda, ya que la única prenda que tenía estaba deteriorada. La noche de la boda una pobre mujer mendiga recurrió a ella y le pidió algo viejo para vestir. Fatimah quiso darle la prenda que llevaba puesta pero de inmediato recordó la aleya coránica que dice:

“No alcanzareis la verdadera piedad hasta no dar aquello que mas amáis”

Entonces le regaló su vestido de novia. Esa misma noche el ángel Gabriel la recompensó trayéndole un hermoso vestido del paraíso cuyo brillo impactaba a quienes lo miraban. Algunas mujeres ateas se islamizaron al verlo.

 

LOS ÁNGELES COLABORAN CON FATIMAH

Relata Abu Dharr, bendígalo Dios: "Cierta vez el Enviado de Dios (BP) me envió en busca de Alí (P) Me dirigí a su casa, lo llamé y no obtuve respuesta. Observé, para mi asombro, que el molino manual trabajaba solo, nadie lo hacía funcionar. Lo llamé una vez más y Alí salió. Cuando regresé con el Profeta le conté de mi sorpresa al ver aquel molino. El Profeta dijo: "Mi hija es aquélla a la que Dios colmó su corazón de fe y certeza y El conoce su fragilidad, por eso le facilita la tarea. ¿Acaso no sabes que Dios designó ángeles encargados de colaborar con la familia de Muhammad?".

 

EL PUDOR DE FATIMAH

Cuenta el Imam Musa Al-Kazim (P) que fue transmitido por su padre, y éste de su abuelo, y éste de su padre, que dijo el Imam Ali (P): "Un hombre ciego pidió permiso para entrar en la casa de Fatimah (P) y ella rápidamente se cubrió con un manto. Entonces el Profeta le preguntó: "¿Por qué te cubres, si él no te puede ver?". Ella respondió: "El no puede verme pero yo sí lo puedo ver; además puede sentir el aroma del perfume, ya que su sentido del olfato está sano". El Mensajero de Dios (BP) expresó: "Doy testimonio que tu eres parte de mí".

 

UNA PRENDA CELESTIAL LLEGA PARA LA INMACULADA FATIMAH

Una familia de origen judío, vecina del Profeta, celebraba una fiesta. Fueron hacia él y le dijeron: "Venimos a invitar a su hija a la fiesta para que la engalane con su presencia". ¡E insistieron! y el Profeta dijo: "Ella es la esposa de Alí Ibn Abi Talib".

Entonces, pidieron su intercesión ante Alí. Para la celebración, las mujeres judías, se habían engalanado con las mejores prendas y las más finas joyas. Imaginaban que Fatimah iría con su vieja ropa y así podría ser humillada. En esa ocasión descendió Gabriel y le entregó un bellísimo atuendo celestial incomparable a los terrenales. Fatimah lo vistió y las mujeres, al verla, se asombraron por su color y su perfume. Al entrar a la fiesta las judías, estupefactas, se prosternaron ante ella. Muchas de ellas, se islamizaron, porque descubrieron lo milagroso de aquella vestimenta.

 

EL MANTO LUMINOSO

Una vez Alí (P) pidió prestada una determinada cantidad de cebada a un hombre judío. Este le solicitó una garantía y Alí le dio un manto de lana perteneciente a Fatimah (P). El judío lo guardó en uno de los cuartos de su casa.

Cuando anocheció, su esposa entró en aquel cuarto y observó que una luz brillante iluminaba el lugar. Fue hacia su esposo y le contó lo que había visto. El judío se sorprendió y al haber olvidado que allí estaba el manto de Fatimah, entró apresuradamente al cuarto y se dio cuenta de que la luz provenía de aquél, que resplandecía como la luna llena. Salió de casa y lo relató a sus familiares. Su esposa hizo lo mismo.

Aproximadamente ochenta judíos se hicieron presentes allí y observaron con sus propios ojos el milagro del manto. Absolutamente todos abrazaron el Islam.

 

EL CONOCIMIENTO DE FATIMAH

Uno de los brillantes roles de Fatimah Zahra’ (P) fue el de elevar el nivel cultural de la sociedad, desarrollar los pensamientos e ideas de la gente y alejar los problemas y ambigüedades de entre ellos.

Ella (P) daba respuesta tanto a las cuestiones simples como así también a los más complicados problemas, y esto tan sólo fue factible de llevar a cabo gracias a su vasto conocimiento, su condición intelectual y sus altas motivaciones. Esta gran mujer del Islam soportó las dificultades de difundir el Islam y de enseñar y educar, y así como una antorcha que ilumina el camino guiando a la sociedad y consumiéndose a sí misma, otorgó nobleza a los corazones y almas de la gente.

Ella dispuso para sí misma como línea de conducta la defensa de los grandes valores, el combatir incansablemente contra las innovaciones que se hacían dentro del Islam, la ignorancia, la desviación y la inconsciente monotonía de la sociedad. Por estos motivos la comunidad también debe familiarizarse lo más posible con la jerarquía y derechos de sus propios líderes y sentirse a sí misma como un humilde alumno ante ellos y luchar a su lado hasta que lo dificultoso llegue a su perfección, lo débil se fortalezca y las tinieblas se conviertan en luz.

Tal comunidad no debe considerar una vergüenza preguntar sobre lo que no sabe, sino que debe consultar respecto a ello para que así se abran ante sí las puertas del conocimiento profundo.

Dijo el Imam As-Sadiq (P): "En la puerta del conocimiento hay un cerrojo cuya llave es la pregunta".

Dijo el Imam Al-Kazim (P): "Conversar con un sabio en un lugar inadecuado es mejor que hacerlo con un ignorante sobre la alfombra de un recinto educativo".

Fatimah es el ejemplo perfecto a este respecto, pues desde su infancia estuvo en medio de la sociedad y fue compasiva y confidente de la gente. Esta gran dama tenía una comunicación sincera y justa con quienes la seguían.

Relata 'Ammar: “Un día entró Alí Ibn Abi Talib (P) a su casa y Fatimah le dijo: "¡Oh, Alí! ¡Acércate, te contaré los sucesos del pasado y el futuro!". El Imam, asombrado por la actitud de Fatimah, fue hacia el Profeta. Lo saludó y se sentó a su lado. Muhammad le dijo: "¡Alí! ¿Comienzas tú o lo hago yo?". Alí dijo: "Me encantaría oírte, Profeta de Dios". Dijo: "¿Has venido a verme por lo que te comentó Fatimah?". Preguntó Alí: "¡Enviado de Dios! ¿Acaso la jerarquía de Fatimah es de nuestra misma luz?". Respondió el Profeta: "¿Es que no lo sabías?". Al escucharlo se prosternó ante Dios (estaba feliz por ello). Regresó hacia Fatimah y ella le dijo: "¡Alí, creo que sé para qué fuiste y también lo que te respondió mi padre!". Dijo: "Sí, ¡Oh, hija del Profeta!". Dijo Fatimah: "¡Oh, Abal Hasan, Dios creó mi luz en el paraíso y la misma alababa a Dios! Luego la confió a uno de los árboles del paraíso, y cuando mi padre ascendió a los cielos le fue ordenado probar los frutos de aquel árbol y así fue que mi luz se albergó en su ser. ¡Oh, Alí, yo soy aquella luz! A través suyo percibo el pasado y el futuro. ¡Oh, Abal Hasan, el creyente ve por medio de la luz divina!”.

Dijo el Imam Hasan Al Askari (P):   “Una mujer visitó a Fatimah y le dijo: "Tengo una madre discapacitada y me ha enviado para preguntarte una cuestión de la oración". Esta formuló su pregunta y Fatimah le respondió. Por segunda vez le hizo una pregunta y también le dio la respuesta. Y le hizo unas diez preguntas. Zahra’ (P) respondió a todas ellas.

Luego la mujer recapacitó y se sintió avergonzada por el tiempo que demoró su visita: "¡Oh, hija del Enviado de Dios! No te molestaré más, te he cansado demasiado". Fatimah dijo: "¡No te avergüences! Pregunta lo que quieras, no me cansaré de responderte, al contrario, lo haré con gusto. ¿Acaso si se emplea a una persona para llevar una carga y a cambio se lo retribuye con 100.000 dinares, le molestaría?". La mujer dijo: "¡Claro que no!, la paga es muy grande". Fatimah le explicó: "Por cada pregunta que te respondí Dios me recompensará de un modo tal que supera a una cantidad de perlas que ocupen el espacio existente entre el cielo y la tierra. ¿Podría, por lo tanto, cansarme?

He oído de mi padre que decía: "Los sabios que me sigan serán presentados el día del Juicio y, de acuerdo a su conocimiento y su grado de esfuerzo por orientar a los hombres, los recompensará. Dará a cada uno de ellos miles de vestiduras luminosas. Entonces, una voz, venida de parte de Dios, dirá: “¡Obsequien a los sabios hasta compensar lo que ellos entregaron!”. Luego ordenará multiplicar los regalos a todos".

Dijo Fatimah: “¡Oh, sierva de Dios!, una ínfima parte de esos obsequios supera miles de veces a todo lo que el sol alcanza a iluminar, puesto que los asuntos del mundo están junto a la tristeza y el dolor. En cambio, las mercedes de la otra vida carecen de toda imperfección “.

 

Respecto a la sabiduría de  Fatimah dice el Ayatullah Yauadi  Amulí -sabio contemporáneo iraní-: "Fatimah comparte con su padre, esposo e hijos la infalibilidad y sabiduría respecto al pasado y el futuro".

También es sabido que Fatimah, luego del fallecimiento del Profeta, era frecuentemente visitada por los ángeles, motivo por el cual se la denominó "Muhaddazah" ("la que conversa con los ángeles"). Durante este período Fatimah dictaba a Alí (P) los principales acontecimientos futuros de la comunidad islámica. El libro fue llamado Sahifatuf Fatimiiah y los Imames lo protegían como a un tesoro.

Actualmente se halla en manos del duodécimo Imam Al-Mahdi (P). 

 

EL TRATO DE FATIMAH PARA CON ALI (P)

El Príncipe de los Creyentes dijo: “La lucha de la mujer es la atención adecuada a su esposo”.

Sabemos que en el Islam el "Yihad" (la lucha) es una de las mejores acciones. El dicho transmite que la recompensa que se da a los hombres por la lucha en el camino de Dios es igual a la de la mujer que cumple con este dicho.

Atender bien al esposo significa convertir el hogar en un ámbito de ternura, amor y armonía. Proceder de tal manera que cuando el hombre regresa cansado luego de una jornada de trabajo, al ver a su esposa desaparezca su agotamiento y encuentre allí el lugar de su sosiego. Fatimah (P) no fue negligente ni un sólo instante durante el corto tiempo que vivió junto a Alí, a pesar de haber sido los años más duros para el Islam. Dice Alí de Fatimah: "Cuando regresaba a casa y veía a Fatimah, desaparecía toda mi tristeza". Dijo en otra ocasión: "¡Por Dios, que jamás hice algo por lo cual Fatimah se disgustara conmigo!".

Fatimah no era una mujer que se ocupara sólo de las tareas del hogar ni tampoco era indiferente respecto a los acontecimientos y eventos relacionados con el Islam.

La historia nos demuestra que en toda ocasión que requería su presencia ella allí estaba, inclusive en el frente de batalla.

En sus últimos instantes de vida, dijo Fatimah a Alí: "¡Oh, primo! Jamás has oído de mi mentira ni traición, desde que estuve contigo no recuerdo haberte desobedecido". Alí dijo: "Me refugio en Dios, (hija del Profeta), tú eres más conocedora de Dios, más bondadosa, más devota, generosa y temerosa, como para que yo pueda reprocharte desobediencia".

Y aquí comprendemos la realidad del dicho del Imam As-Sadiq (P) que versa: “Si Dios, Bendito y Altísimo, no hubiera creado al Príncipe de los Creyentes para ser esposo de Fatimah, no hubiera existido sobre la faz de la tierra nadie que mereciera ser su pareja, ni entre los hijos de Adán ni ningún ser de otra naturaleza”.

 

UNA TRANSACCIÓN VENTAJOSA

Echando un vistazo a la niñez y adolescencia de Fatimah observamos que el Profeta no desaprovechaba ninguna oportunidad para utilizarla en su educación espiritual. Ibn Shahr Ashub relata el siguiente episodio basado en fuentes de la escuela Sunnah:

Cierta vez Fatimah pidió a su padre un anillo. El Profeta le dijo: . "Al finalizar la oración de la noche pide a Dios un anillo y El te lo concederá". Fatimah, observando el consejo de su padre, así lo hizo. Y oyó una voz que le dijo: Fatimah lo que has pedido está debajo de tu lugar de oración. Ella levantó la tela y observó un bello anillo de rubíes. Feliz lo tomó y lo colocó en su dedo. Al llegar la medianoche soñó que estaba en el paraíso. Allí vio tres castillos, cuya grandeza y belleza superaba al resto de ellos. Preguntó: ¿A quién pertenecen? Le dijeron: Son de Fatimah, la hija de Muhammad (BP). Entró a uno de ellos, lo recorrió y vio allí una cama a la que le faltaba una de sus patas. Preguntó: ¿Por qué esa cama tiene tres patas? Le dijeron: Porque el dueño de la misma pidió a Dios un anillo, por eso le quitaron una de sus patas y a cambio le dieron el anillo. Fatimah se despertó. Al amanecer visitó a su padre y le relató su sueño. El Profeta le dijo: "El mundo no pertenece a vosotros, la otra vida es vuestra. Vuestra cita será el paraíso, ¿en qué se asemejan a este efímero y tramposo mundo?" Luego le aconsejó que colocara el anillo en el mismo lugar donde lo había hallado. Esa noche volvió a soñar. Nuevamente soñó con el paraíso, entró al mismo castillo y vio que aquella cama estaba en perfectas condiciones. Preguntó el motivo y le fue dicho: El anillo volvió a su lugar y la cama a su condición original.  

 

EL AMOR DE FATIMAH HACIA EL PROFETA

Decía Fatimah (P) cuando se reveló la aleya: “No llaméis al Profeta como vosotros os llamáis unos a otros...”:

"Cuando se reveló esta aleya no llamé más a mi padre "Abi" (¡Padre mío!), sino que comencé a llamarlo: ¡Oh, Profeta de Dios!.

Cuando algunas veces me dirigía hacia él y lo llamaba de esa forma, no me respondía y me decía: "Querida Fatimah, esta aleya no ha sido revelada para ti, tú llámame "Padre", puesto que esta expresión alegra mi corazón y satisface a Dios".

Es cierto que el Profeta era padre y todo padre ama a su hijo, pero, indudablemente el extraordinario amor del Profeta (PB) hacia su hija se debía a que veía en ella a un perfecto ser humano. Observaba el origen y núcleo de los Imames Infalibles.

El Profeta (PB) olía en ella la fragancia del paraíso, veía la luz de los Imames en su frente, el calor de la fe en su rostro y la satisfacción de Dios en su satisfacción.

 

SU DESPRENDIMIENTO DE LO MATERIAL

El Sheij Saduq, en su libro "Amali", transmitió de Muhammad Ibn Qeis: "Era costumbre del Profeta (BP), siempre que regresaba de un viaje, ir primero a la casa de Fatimah (P), y quedarse junto a ella un largo rato.

En uno de sus viajes, Fatimah (P), en ausencia de su padre, se compró una pulsera, una gargantilla, un par de aros y una cortina para la puerta de la casa, con el fin de estar presentable frente a los ojos de su padre y de su esposo.

Apenas regresó el Enviado de Dios (BP), se dirigió a la casa de Fatimah mientras que los compañeros se detuvieron detrás de la puerta y no sabían si permanecer allí o irse, porque generalmente, cuando el Profeta (BP) iba a ver a su hija, se demoraba bastante. De repente, observaron que el Enviado de Dios (BP) salió de la casa de Fatimah (P); su semblante reflejaba disgusto. Fue a la Mezquita y se dirigió al púlpito.

Fatimah (P), al ver esta actitud del Profeta, se despojó de la pulsera, la gargantilla y los aros, y también de la cortina de la puerta. Todo esto lo envió al Profeta (BP) y por medio de una persona le transmitió este mensaje:

"Tu hija te envía un saludo y te dice "Gasta todo esto, en el camino de Dios".

Al leerlo dijo: "El mundo (quiere decir, las cosas materiales de este mundo) no pertenece ni a Muhammad ni a su familia".

Luego de este discurso visitó a Fatimah (P).

 

LA GRANDEZA DE FATIMAH EL DIA DE LA RESURRECCION

Dijo el Imam Alí Ibn Musa Ar-Rida (P), que relató el Príncipe de los Creyentes, del Profeta de Dios: "El Día de la Resurrección una voz surgida de parte de Dios exclamará: “¡Oh, seres! ¡Retiren sus miradas! para dar paso a Fatimah”.

Abu Aiiub Ansarí transmitió del Profeta: "El Día de la Resurrección una voz surgida de parte de Dios exclamará: “¡Retiren sus miradas, porque Fatimah atravesará el Sirat (puente)! Y la preciada Fatimah lo atravesará escoltada por 70.000 huríes (ángeles)”. 

 

LA DEVOCION DE FATIMAH

Dijo el Mensajero de Dios (BP):

"Fatimah es parte de mí".

Es el momento de hablar de Fatimah (P), hablar del océano infinito de ciencia y devoción, virtud y resistencia, dulzura y humildad. Hablamos de quien dijera el Profeta Muhammad (BP): "Fatimah es todo mi ser, es mi corazón; Fatimah es la Señora de las Mujeres del Universo. Ella es una hurí entre los seres humanos"

Fatimah (P) es una devota, conocedora de Al.lah, adoradora.

Es sabido que cuando se disponía a rezar, se olvidaba de sí misma y se estremecía su cuerpo por el intenso amor que tenía hacia su Señor.

Se sentía insignificante ante la infinita majestuosidad de su Creador y, debido a su sinceridad y amor por Él, obtuvo una elevadísima jerarquía, hasta tal punto que Al.lah decía a sus ángeles cuando ella rezaba:

“¡Oh, habitantes de Mi Trono! ¡Observad a mi sierva Fatimah (P) cómo humildemente se rinde frente a Mi Señorío hasta que se olvida de sí misma”.

También es sabido que ella era superior en todos los aspectos de la vida: en la adoración ('ibadah), en la educación de los hijos, en la obediencia al esposo, en la castidad y pureza, en el comportamiento y la moral islámica.

Dado que el ser humano se refleja a través de sus palabras, consideramos conveniente recurrir a las propias palabras de esta brillante personalidad del Islam, para presentarla a fin de que sirva como provisión a los transeúntes en el camino de Al.lah.

Hete aquí una interpretación de sus preciadas palabras, las que han sido expresadas en forma de súplicas dirigidas a quienes aceptan a Fatimah Zahra’ (P), como un modelo orientador de las mujeres del Universo.

Estos, son apenas unos tramos de los ruegos de la hija del Mensajero de Dios (BP):

"¡Oh, Dios mío! No permitas que la calamidad entre en la religión, y no permitas que este mundo sea mi mayor meta, ni el límite de mi conocimiento,

 ¡Oh, quien su puerta está siempre abierta para quien la llame y su velo descubierto para quien lo ame!

(¡Dios mío!) Cuando recibas mi espíritu, cuéntalo entre los espíritus inmaculados, y mi cuerpo entre los cuerpos purificados, y mis actos entre los actos que Tú aceptas,

(¡Dios mío!) Pido temerte, ya sea en forma oculta o manifiesta, y la justicia, en la ira y en el bienestar,

Y te pido la mesura, tanto en la pobreza como en la riqueza, así como que me otorgues tus eternas mercedes. Te imploro la satisfacción en aquello que hayas decretado para mí, y el placer de contemplar Tu rostro.

¡Dios mío! otórgame la vida mientras consideres sea conveniente y beneficiosa para mí, y llévame contigo cuando consideres que la muerte sea mejor para mí"

Fatimah llega a ser una de las cuatro figuras más altas de mujer en la historia de la humanidad: María, Asiah, Jadiyah y finalmente, Fatimah.

El valor de María está en Jesucristo, a quien ella dio a luz y crió. El valor de Asiah, la mujer del Faraón, está en Moisés, a quien ella crió y amparó. El valor de Jadiyah está en Muhammad, a quien ella amparó, y en Fatimah, a quien dio a luz y crió.

¿Y el valor de Fatimah? ¿A quién pertenece su valor? ¿A Jadiyah? ¿A Muhammad? ¿A Ali? ¿A Hasan? ¿A Husain? ¿A Zainab? …

... ¡¡A ELLA MISMA!!.